• El deseo de la contemplación de Dios (De los escritos de San Anselmo)
    Feb 13 2026

    El deseo de la contemplación de Dios


    De los escritos de San Anselmo


    "Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él.


    Di, pues, alma mía, di a Dios: 'Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro.' Y ahora. Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.


    Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.


    ¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.


    Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.


    Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?


    Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.


    Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré."

    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    5 Min.
  • Abre tu boca a la Palabra de Dios (de los comentarios de los salmos de San Ambrosio de Milán)
    Feb 6 2026

    Abre tu boca a la palabra de Dios


    De los comentarios sobre los salmos de San Ambrosio


    En todo momento, tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto, te dice la Escritura. Hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es la sabiduría, él es la palabra, y Palabra de Dios.


    Porque también está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Por él anhela quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de él. Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría; si de virtud, él es la virtud; si de justicia, él es la justicia; si de paz, él es la paz; si de la verdad, de la vida, de la redención, él es todo esto.Está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Tú ábrela, que él habla. En este sentido dijo el salmista: Voy a escuchar lo que dice el Señor, y el mismo Hijo de Dios dice: Abre tu boca que te la llene. Pero no todos pueden percibir la sabiduría en toda su perfección, como Salomón o Daniel; a todos, sin embargo, se les infunde, según su capacidad, el espíritu de sabiduría, con tal de que tengan fe. Si crees, posees el espíritu de sabiduría.


    Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios, estando en casa. Por la palabra casa podemos entender la iglesia o, también, nuestro interior, de modo que hablemos en nuestro interior con nosotros mismos. Habla con prudencia, para evitar el pecado, no sea que caigas por tu mucho hablar. Habla en tu interior contigo mismo como quien juzga. Habla cuando vayas de camino, para que nunca dejes de hacerlo. Hablas por el camino si hablas en Cristo, porque Cristo es el camino. Por el camino, háblate a ti mismo, habla a Cristo. Atiende cómo tienes que hablarle: Quiero –dice– que los hombres recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de iras y divisiones. Habla, oh hombre, cuando te acuestes, no sea que te sorprenda el sueño de la muerte. Atiende cómo debes hablar al acostarte: No daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.


    Cuando te levantes, habla también de él, y cumplirás así lo que se te manda. Fíjate cómo te despierta Cristo. Tu alma dice: Oigo a mi amado que llama, y Cristo responde: Ábreme, amada mía. Ahora ve cómo despiertas tú a Cristo. El alma dice: ¡Muchachas de Jerusalén, os conjuro que no vayáis a molestar, que no despertéis al amor! El amor es Cristo."


    Music by ⁠Sean McCleery⁠ from ⁠Pixabay⁠


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    5 Min.
  • Condiciones para una mejor oración (De las cartas de San Nilo, el asceta)
    Jan 16 2026

    Condiciones para una mejor oración


    De las cartas de San Nilo, el asceta


    "El alma purificada por el cumplimiento de los mandamientos hace que la condición del intelecto se mantenga firme, y capaz de recibir aquello que se desea. La oración es la unión del intelecto con Dios; por tanto, ¿en qué estado necesita el intelecto encontrarse para poder tender hacia el Señor, sin darse la vuelta, y conversar con Él sin ningún intermediario, si no es en un alma purificada? Así que antes que nada, ruega para que puedas obtener lágrimas, con que ablandar la dureza que se hallase en tu alma; y luego de haber confesado tus pecados al Señor, ruega por la obtención de su perdón. Usa de las lágrimas que corren en el alma y que son fruto de la humildad, para que todas tus peticiones sean escuchadas. Porque el Soberano no dudará en ofrecerte su Espíritu si humildemente le ruegas con lágrimas.


    Una vez te encuentres con Dios, resiste pacientemente y reza intensamente. Rechaza los ataques de los pensamientos que te turban y te agitan para quitarte la fuerza. Cuando los demonios te ven lleno de ardor por la verdadera oración, insinúan pensamientos de ciertos objetos, como si fueran necesarios, y en breve exaltan su recuerdo, moviendo al intelecto a su búsqueda. Al no encontrarlos, el alma se desanima y se entristece mucho. Cuando el intelecto se halla en oración, le llaman sus aficiones y sus recuerdos, para perder los frutos de la oración.


    Lucha por mantener sordo y mudo tu intelecto en el tiempo de la oración, y así podrás rezar. Si quieres rezar dignamente, reniega de ti mismo en todo momento, y si tuvieras que sufrir todo tipo de males, acéptalos con sabiduría por amor a la oración. De toda dificultad, que sabrás soportar sabiamente, encontrarás su fruto en el tiempo de la oración. Si estás acostumbrado a "soportar," rezarás siempre con alegría. Cuando rezas como conviene, llegarás a creer que es injusto enojarse, incluso por causas nobles.


    Porque no es absolutamente justa la ira contra el prójimo, ya que, si lo buscas, encontrarás que es posible que el problema se arregle sin ira. Profundiza todo lo posible en tu oración a fin de que la ira no irrumpa y lo estropee todo.


    No reces sólo en lo exterior. Deberás dirigir la voluntad al conocimiento de tu oración espiritual. Pídele ayuda a tu ángel de la guarda. Cuando se acerca un ángel, de inmediato se alejan aquellos que nos molestan, encontrando la voluntad gran alivio para rezar correctamente. Pero a veces, cuando enfrentamos el habitual combate, la voluntad lucha a puñetazos, sin lograr levantar la cabeza. En este caso, se han impreso en el mismo las distintas pasiones. Pero, de todos modos, si insistes en tu búsqueda, encontrarás; y al que llama se le abrirá. No reces para que tu voluntad sea cumplida, ya que posiblemente no concuerde del todo con la voluntad de Dios. Debes rezar tal como te fuera enseñado, diciendo: Hágase tu voluntad. Y en toda situación pide siempre la misma cosa, que se haga su voluntad. Porque Él quiere el bien y lo que beneficia a tu alma. Nosotros, sin embargo, no sabemos lo que queremos. Alguna vez, después de haber obtenido lo que yo deseaba, tuve que sobrellevar lo recibido con mucha pena, pues no pedí que se hiciera la voluntad de Dios. En efecto, lo que me sucedió, no fue como yo lo hube pensado. ¿Qué otro bien existe si no Dios? Dejémosle a Él todo lo que nos concierne y eso estará bien para nosotros. Pues aquel que es absolutamente bueno es el que nos provee de buenos regalos. El estado de oración es un hábito impasible, que secuestra al intelecto enamorado de la sabiduría hacia las alturas de la contemplación, con amor excelso. Así cuando, mientras oras, te hallares más arriba de toda alegría humana, entonces habrás encontrado verdaderamente la oración.”


    Music by Mikhail Smusev from Pixabay


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    6 Min.
  • Nadie los quiso alojar (De las homilías de San Juan Bautista de la Salle)
    Dec 26 2025

    -NADIE LOS QUISO ALOJAR-

    De las homilías de SAN JUAN BAUTISTA DE LA SALLE

    El emperador Augusto publicó un edicto, en virtud del cual se ordenaba el empadronamiento de cuantos habitaban en las diversas ciudades dependientes del imperio romano. Cada uno debía alistarse en el lugar de donde procedía su estirpe. Esto exigió que san José partiera de Nazaret, villa de Galilea donde moraba, para encaminarse a Belén, ciudad de Judea, a fin de inscribirse en esta ciudad, con María su esposa .

    Llegados allá, buscaron casa donde poder alojarse; pero nadie los quiso recibir, por estar ya ocupadas todas con personas más ricas y calificadas que ellos.

    Ved cómo se procede en el mundo. No se considera en él más que lo aparente de las personas, ni se tributan a éstas honores sino en cuanto se los ganan con lo que brilla a los ojos del siglo.

    Si en Belén hubieran mirado a la Santísima Virgen como la madre del Mesías, y la que daría a luz en breve al Dios hecho hombre, ¿quién se hubiera atrevido a negarle hospitalidad en su casa? ¡Y qué agasajos no le hubieran prodigado en toda la Judea! Mas, como vieron sólo en Ella a una mujer corriente y la esposa de un artesano, no hubo en parte alguna cobijo para María.

    ¿Cuánto tiempo hace que Jesús se presenta a vosotros, y llama a la puerta de vuestro corazón para establecer en él su morada, sin que hayáis querido recibirle? ¿Por qué? Porque no se presenta sino en figura de pobre, de esclavo, de varón de dolores.

    No hallando quien quisiera recibirlos en Belén, la santísima Virgen Madre de Jesús se vio precisada a guarecerse en un establo. Una vez allí, le llegó la hora del alumbramiento, y dio al mundo a su primogénito; por lo cual se vio obligada a acostar a Jesucristo su Hijo en un pesebre.

    Vosotros recibís con frecuencia a Jesús en vuestros corazones; mas, ¿no está en ellos como en un establo, donde no halla otra cosa que desaseo y podredumbre, porque tenéis la afición puesta en algo distinto de Él?

    ¡Si le miraseis como Salvador y Redentor vuestro, qué honores le tributaríais! Considerándole como vuestro Dios, ¿dejaríais de acompañarle, por la aplicación a su santa presencia? Y mirándole luego como hombre, ¿no meditaríais sus padecimientos y muerte?

    Para cercioraros de si aprovecháis la venida de Jesús, y la permanencia que en vosotros se digna establecer, examinad si sois más modestos, recogidos y reservados de lo que erais en otro tiempo. ¿Veláis con más diligencia sobre vosotros los días de comunión, para no dejaros dominar por ningún capricho ni por movimiento alguno desordenado?

    Si queréis que os resulte provechosa la venida de Jesucristo, es necesario que le dejéis entrar en vuestro corazón, y que os mostréis dóciles a cuanto exija de vosotros, repitiéndole muchas veces con el profeta Samuel: Habla, Señor, que tu siervo escucha; y con David: Escucharé lo que el Señor Dios me diga.

    P.R.O. Cue Sheet InformationP.R.O.PRSComposerDenis Pavlov PRS (CAE/IPI): 834589107PublisherDenis Pavlov PRS (CAE/IPI): 834589107ArrangerDenis Pavlov PRS (CAE/IPI): 834589107Title The Healing Touch


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    5 Min.
  • Sobre el Tiempo de Adviento (De las Cartas pastorales de San Carlos Borromeo)
    Dec 12 2025

    SOBRE EL TIEMPO DE ADVIENTO

    De las Cartas pastorales de San Carlos Borromeo, obispo

    “Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que , como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para librarnos de la tiranía y del poder del demonio, invitarnos al cielo e introducirnos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñarnos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecernos con los tesoros de su gracia y hacernos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.

    La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña, que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.

    La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que, así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo. Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecernos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento, para que en ello los imitáramos.”


    Music by Anastasia Chubarova from Pixabay


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    4 Min.
  • El cuerpo de Cristo (de los Escritos de San Anselmo)
    Nov 28 2025

    EL CUERPO DE CRISTO

    De los escritos de San Anselmo

    "Te aproximas al altar. Nada más comenzar a venir, los ángeles te han mirado. Han visto que te acercas al altar, y tu condición humana, que antes estaba manchada por la oscura fealdad de los pecados, la han visto súbitamente brillar. Y así se han preguntado: ¿quién es éste que sube del desierto lleno de blancura? (Cant 8, 5). Los ángeles se admiran; ¿quieres saber cuál es la causa de su admiración? Escucha al Apóstol Pedro decir que se nos ha dado aquello que los mismos ángeles desean contemplar (cfr. 1 Re 1, 12). Escucha de nuevo: Lo que ojo no vio—dice—, ni oído oyó, eso es lo que Dios ha preparado para los que le aman (1 Cor 2, 9).

    Considera atentamente lo que vas a recibir. El santo profeta David vio esta gracia en figura, y la deseó. ¿Quieres saber cómo la deseó? Óyele decir de nuevo: Rocíame con el hisopo y quedaré limpio, lávame y quedaré más blanco que la nieve (Sal 50, 9). ¿Por qué? Porque la nieve, aunque sea blanca, muy a menudo está manchada por algún tipo de suciedad y se afea; pero la gracia que tú vas a recibir, mientras la conserves tiene una duración sin fin.

    Te acercas, pues, lleno de deseos por haber visto tal gracia; vienes al altar, lleno de deseos, para recibir el sacramento. Tu alma dice: me acercaré al altar de mi Dios, al Dios que llena de alegría mi juventud (Sal 42, 4). Te has despojado de la vejez de los pecados y te vas a revestir de la juventud de la gracia. Esto es lo que te otorgan los celestiales sacramentos. Escucha otra vez a David, que dice: Se renovará tu juventud como la de un águila (Sal 102, 5). Te vas a convertir en un águila ágil que se lanza hacia el cielo despreciando lo que es de la tierra. Las buenas águilas rodean el altar: porque donde está el cuerpo, allí se congregan las águilas (Mt 24, 28). El cuerpo de Cristo está sobre el altar, y vosotros sois las águilas alrededor del altar, rejuvenecidas por la limpieza de las faltas.

    Te has aproximado al altar, has fijado tu mirada sobre los sacramentos colocados encima del altar, y te quizás te sorprendas al ver que es una cosa creada, y además, cosa creada común y familiar. (...) Quizá digas: -este pan que a mí se me da es un pan ordinario-. Y no. Este pan es pan antes de las palabras sacramentales; mas una vez que recibe la consagración, de pan se cambia en la carne de Cristo. Vamos a probarlo. ¿Cómo puede lo que es pan pasar a ser cuerpo de Cristo? Con la consagración, ¿Y con qué palabras se realiza y quién las dijo? Con las palabras que dijo el Señor Jesús. En efecto, todo lo que se dice antes son palabras del sacerdote: alabanzas a Dios, oraciones por el pueblo, por los reyes, por los demás hombres; pero en cuanto llega el momento de confeccionar el sacramento venerable, ya el sacerdote no habla con sus palabras sino que emplea las de Cristo. Luego es la palabra de Cristo la que realiza este sacramento.

    ¿Quieres saber con qué celestiales palabras se consagra? Observa cada detalle. Se dice: la víspera de su Pasión, tomó el pan en sus santas manos. Antes de la consagración es pan; mas apenas se añaden las palabras de Cristo, es el cuerpo de Cristo. Escucha lo que dice: Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo. Y antes de las palabras de Cristo, el cáliz está lleno de vino y agua; pero en cuanto las palabras de Cristo obran, Tomad y comed todos de él, porque esto es el cáliz de mi sangre se hace allí presente la sangre de Cristo, que redimen al pueblo. Ved, pues, de cuántas maneras la palabra de Cristo es capaz de transformarlo todo.

    Luego no sin razón dices: Amén, confesando ya en espíritu que recibes el cuerpo de Cristo. Lo que la lengua confiese, que la convicción lo guarde. "

    Music by Mikhail Smusev from Pixabay


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    6 Min.
  • No, Señor, lo que quiero, sino lo que Tú quieras (de Santa Teresa de los Andes)
    Nov 14 2025

    -No, Señor, lo que quiero, sino lo que Tú quieras-

    De las Cartas de Santa Teresa de los Andes.

    “Sor Isabel de la Trinidad decía: "Dios es el cielo y Dios está en mi alma". Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, ¿qué se hace en el cielo? Amar, contemplar a Dios y glorificarle. He aquí lo que trataremos de hacer: amarle antes que a nadie. El que ama siempre piensa en el amado. Nosotras pensemos constantemente en El; pero ya que es esto imposible, al menos pensemos muy a menudo en El. Contemplémosle allí, en el fondo de nuestra alma, unido a nosotras. Contemplémosle orando a su eterno Padre por las almas y por los pecadores, y unámonos a esa divina oración. Contemplémosle trabajando a nuestro lado. Ahora lo miro escribiendo y me uno a Él. Contemplémosle -dice santa Teresa- alegre como en el Tabor, si estamos alegres; triste como en el Huerto si estamos tristes; y así en todo. Contemplémosle en las criaturas. Así nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por El. Si somos alabadas, lo somos por El. Si servimos, servimos a Él; y así en todo. Así el alma queda simplificada y unida a Él; siempre piensa y ve a Él. Por último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como Isabel de la Trinidad, alabanza de su gloria. Es decir, obremos todo por amor y siempre lo más perfecto, de manera que, al vernos las demás personas, puedan decir: "qué virtuosa es". Y ¿para quién es la gloria de nuestra virtud sino para Dios, ya que es Él, el que obra en nosotras? Nada podemos por nosotras mismas. Propongámonos en todo lo que hacemos la gloria de Dios y todo por amor a Él; de esta manera nuestras obras serán con pureza, pues obraremos por El en El y para El. Si nuestras obras son puras, nosotras también lo seremos; así nuestro Señor estará contento en nuestras almas. Viviendo así, viviremos vida de cielo en la tierra.

    En el cielo se hace siempre la voluntad de Dios, ya que Nuestro Señor nos enseñó a decir: Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. ¿Quieres que te diga con franqueza -yo lo sé por experiencia-, que, si hay algo que le gusta a Dios, es que nos abandonemos, pero completamente, a su divina voluntad; pero de tal manera, ¿mi querida hermanita, que no podamos siquiera decir “quiero” porque le hemos dado nuestro querer a Dios? Por ejemplo, si deseamos salir: -Señor, si Tú lo quieres, saldré; si no, no, y me quedaré feliz-. Si por el contrario, tenemos que salir a paseo y no tenemos ganas: -Cómo Tú lo quieres, iré feliz, pues me ayudará a amarte-. No pedirle nada, sino decirle "dame lo que Tú quieras". Esta es la mayor gloria de Dios, y no te niego que cuesta, pues a veces, sin darse cuenta uno, le pide; pero decirle: "no, Señor, lo que quiero, sino lo que Tú quieras".

    Music by Tunetank from Pixabay


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    5 Min.
  • El ejemplo de los santos (de San Isidoro de Sevilla)
    Oct 31 2025

    EL EJEMPLO DE LOS SANTOS


    Del Libro de las sentencias de San Isidoro de Sevilla

    "En orden a la conversión y la enmienda de los mortales, aprovecha en gran manera el ejemplo de los santos, pues las costumbres de los recién convertidos no pueden modelarse a la vida de piedad, a no ser que sea imitando el ejemplo de los maestros de la perfección. Pero los réprobos no atienden a las lecciones de los buenos para imitarlas en orden a mejorarse, sino que se proponen los ejemplos de los malos, que les sirven para empeorar en la corrupción de sus costumbres.

    Las caídas y la penitencia de los santos se narran por esta finalidad: para que infundan a los hombres la confianza en su salvación, a fin de que nadie, después de las caídas, desconfíen del perdón de Dios si practican el arrepentimiento, cuando vean que también la recuperación de los santos tuvo lugar después de las caídas.

    Deben conocer los que están entregados al vicio, cuán útilmente se les propone el ejemplo de los santos; a saber, o bien para que tengan modelos que imitar en orden a la enmienda, o por lo menos para que, al compararse con éstos, experimenten un castigo más duro por su desobediencia. Porque Dios ha propuesto las virtudes de los santos para ejemplo nuestro con este fin: para que de la misma manera que, si les imitamos, podamos conseguir los premios de la justicia, así también, si persistimos en el mal, tengamos castigos más dolorosos. Porque si tan a menudo hemos seguido los ejemplos de los malos, ¿por qué no hemos de imitar las acciones de los santos, encomiables y gratas a Dios? Y si fuimos capaces de imitar en el vicio a los perversos, ¿por qué somos tan negligentes en seguir a los justos por la senda del bien?

    Pero muchos imitan la vida de los santos, y así de la conducta de otro toman su modelo de virtud, como cuando se propone un retrato, y a semejanza de él se obtiene el dibujo. Así resulta parecido al modelo, quien vive a semejanza de él. Quien imita a un varón santo es como si contemplase un ejemplar y se mirase en él como en un espejo, con el fin de aportarle cuanto de virtud reconoce que le falta. Porque el hombre se analiza peor cuando lo hace personalmente, sin fijarse en nadie; pero, cuando contempla a otro mejor, es capaz de corregir el defecto de luz.

    Aunque es propio de varones ya perfectos obrar la justicia no a imitación de un santo cualquiera, sino contemplando la misma Verdad, a cuya imagen han sido creados. Esto indica la frase: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, porque al conocerla imita la propia divinidad, a cuya imagen ha sido creado. Así pues, este tal es tan perfecto, que no necesita de ningún hombre como guía para la santidad, sino que, mediante su contemplación, imita la propia santidad.

    Los ejemplos de los santos, que edifican al hombre, hacen que las distintas virtudes revistan un carácter sagrado: así el varón que busca la santidad puede considerar al imitarlas, el esfuerzo, la moderación, la rectitud y el espíritu de penitencia con que se practicaron."

    Music by Andrii Poradovskyi from Pixabay#vocesdesantidad #elejemplodelossantos #todoslossantos #sanisidoro #escuchemosalosantos


    Mehr anzeigen Weniger anzeigen
    5 Min.