Voces de santidad Titelbild

Voces de santidad

Voces de santidad

Von: Francisco Acedo Fernández
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Über diesen Titel

Sumérgete en una experiencia espiritual única con esta colección de audios originales que entrelazan la sabiduría eterna de los santos cristianos con música envolvente. Cada episodio presenta extractos cuidadosamente seleccionados de textos, oraciones y pensamientos de grandes santos —como San Agustín, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, entre otros— que han iluminado el camino de innumerables almas a lo largo de los siglos. Acompañados por melodías serenas y atmósferas contemplativas, estos mensajes buscan tocar el corazón, elevar el espíritu y renovar la fe.Francisco Acedo Fernández Spiritualität
  • El deseo de la contemplación de Dios (De los escritos de San Anselmo)
    Feb 13 2026

    El deseo de la contemplación de Dios


    De los escritos de San Anselmo


    "Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él.


    Di, pues, alma mía, di a Dios: 'Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro.' Y ahora. Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.


    Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro.


    ¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.


    Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.


    Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?


    Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.


    Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré."

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    5 Min.
  • Abre tu boca a la Palabra de Dios (de los comentarios de los salmos de San Ambrosio de Milán)
    Feb 6 2026

    Abre tu boca a la palabra de Dios


    De los comentarios sobre los salmos de San Ambrosio


    En todo momento, tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto, te dice la Escritura. Hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es la sabiduría, él es la palabra, y Palabra de Dios.


    Porque también está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Por él anhela quien repite sus palabras y las medita en su interior. Hablemos siempre de él. Si hablamos de sabiduría, él es la sabiduría; si de virtud, él es la virtud; si de justicia, él es la justicia; si de paz, él es la paz; si de la verdad, de la vida, de la redención, él es todo esto.Está escrito: Abre tu boca a la palabra de Dios. Tú ábrela, que él habla. En este sentido dijo el salmista: Voy a escuchar lo que dice el Señor, y el mismo Hijo de Dios dice: Abre tu boca que te la llene. Pero no todos pueden percibir la sabiduría en toda su perfección, como Salomón o Daniel; a todos, sin embargo, se les infunde, según su capacidad, el espíritu de sabiduría, con tal de que tengan fe. Si crees, posees el espíritu de sabiduría.


    Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios, estando en casa. Por la palabra casa podemos entender la iglesia o, también, nuestro interior, de modo que hablemos en nuestro interior con nosotros mismos. Habla con prudencia, para evitar el pecado, no sea que caigas por tu mucho hablar. Habla en tu interior contigo mismo como quien juzga. Habla cuando vayas de camino, para que nunca dejes de hacerlo. Hablas por el camino si hablas en Cristo, porque Cristo es el camino. Por el camino, háblate a ti mismo, habla a Cristo. Atiende cómo tienes que hablarle: Quiero –dice– que los hombres recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de iras y divisiones. Habla, oh hombre, cuando te acuestes, no sea que te sorprenda el sueño de la muerte. Atiende cómo debes hablar al acostarte: No daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados, hasta que encuentre un lugar para el Señor, una morada para el Fuerte de Jacob.


    Cuando te levantes, habla también de él, y cumplirás así lo que se te manda. Fíjate cómo te despierta Cristo. Tu alma dice: Oigo a mi amado que llama, y Cristo responde: Ábreme, amada mía. Ahora ve cómo despiertas tú a Cristo. El alma dice: ¡Muchachas de Jerusalén, os conjuro que no vayáis a molestar, que no despertéis al amor! El amor es Cristo."


    Music by ⁠Sean McCleery⁠ from ⁠Pixabay⁠


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    5 Min.
  • Condiciones para una mejor oración (De las cartas de San Nilo, el asceta)
    Jan 16 2026

    Condiciones para una mejor oración


    De las cartas de San Nilo, el asceta


    "El alma purificada por el cumplimiento de los mandamientos hace que la condición del intelecto se mantenga firme, y capaz de recibir aquello que se desea. La oración es la unión del intelecto con Dios; por tanto, ¿en qué estado necesita el intelecto encontrarse para poder tender hacia el Señor, sin darse la vuelta, y conversar con Él sin ningún intermediario, si no es en un alma purificada? Así que antes que nada, ruega para que puedas obtener lágrimas, con que ablandar la dureza que se hallase en tu alma; y luego de haber confesado tus pecados al Señor, ruega por la obtención de su perdón. Usa de las lágrimas que corren en el alma y que son fruto de la humildad, para que todas tus peticiones sean escuchadas. Porque el Soberano no dudará en ofrecerte su Espíritu si humildemente le ruegas con lágrimas.


    Una vez te encuentres con Dios, resiste pacientemente y reza intensamente. Rechaza los ataques de los pensamientos que te turban y te agitan para quitarte la fuerza. Cuando los demonios te ven lleno de ardor por la verdadera oración, insinúan pensamientos de ciertos objetos, como si fueran necesarios, y en breve exaltan su recuerdo, moviendo al intelecto a su búsqueda. Al no encontrarlos, el alma se desanima y se entristece mucho. Cuando el intelecto se halla en oración, le llaman sus aficiones y sus recuerdos, para perder los frutos de la oración.


    Lucha por mantener sordo y mudo tu intelecto en el tiempo de la oración, y así podrás rezar. Si quieres rezar dignamente, reniega de ti mismo en todo momento, y si tuvieras que sufrir todo tipo de males, acéptalos con sabiduría por amor a la oración. De toda dificultad, que sabrás soportar sabiamente, encontrarás su fruto en el tiempo de la oración. Si estás acostumbrado a "soportar," rezarás siempre con alegría. Cuando rezas como conviene, llegarás a creer que es injusto enojarse, incluso por causas nobles.


    Porque no es absolutamente justa la ira contra el prójimo, ya que, si lo buscas, encontrarás que es posible que el problema se arregle sin ira. Profundiza todo lo posible en tu oración a fin de que la ira no irrumpa y lo estropee todo.


    No reces sólo en lo exterior. Deberás dirigir la voluntad al conocimiento de tu oración espiritual. Pídele ayuda a tu ángel de la guarda. Cuando se acerca un ángel, de inmediato se alejan aquellos que nos molestan, encontrando la voluntad gran alivio para rezar correctamente. Pero a veces, cuando enfrentamos el habitual combate, la voluntad lucha a puñetazos, sin lograr levantar la cabeza. En este caso, se han impreso en el mismo las distintas pasiones. Pero, de todos modos, si insistes en tu búsqueda, encontrarás; y al que llama se le abrirá. No reces para que tu voluntad sea cumplida, ya que posiblemente no concuerde del todo con la voluntad de Dios. Debes rezar tal como te fuera enseñado, diciendo: Hágase tu voluntad. Y en toda situación pide siempre la misma cosa, que se haga su voluntad. Porque Él quiere el bien y lo que beneficia a tu alma. Nosotros, sin embargo, no sabemos lo que queremos. Alguna vez, después de haber obtenido lo que yo deseaba, tuve que sobrellevar lo recibido con mucha pena, pues no pedí que se hiciera la voluntad de Dios. En efecto, lo que me sucedió, no fue como yo lo hube pensado. ¿Qué otro bien existe si no Dios? Dejémosle a Él todo lo que nos concierne y eso estará bien para nosotros. Pues aquel que es absolutamente bueno es el que nos provee de buenos regalos. El estado de oración es un hábito impasible, que secuestra al intelecto enamorado de la sabiduría hacia las alturas de la contemplación, con amor excelso. Así cuando, mientras oras, te hallares más arriba de toda alegría humana, entonces habrás encontrado verdaderamente la oración.”


    Music by Mikhail Smusev from Pixabay


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    6 Min.
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