• Sanación
    Jan 22 2026

    Sanación


    En muy normal encontrar personas que buscamos la realidad interior, una vida más real, el conocimiento de quién somos y para qué estamos y demás cuestiones similares.


    En ese intento, utilizamos nuestra comprensión, nuestro pensamiento, razonamiento y en general nuestra mente, que es el lugar donde se representan estas cuestiones.


    Pero ya son muchas menos las personas que se han dado cuenta de que ninguna representación equivale a una experiencia real y directa, y de lo que esto representa.


    No nos salimos del entendimiento y la mente y desde luego, no somos conscientes de lo que implica tener esa vivencia en uno mismo.


    Incluso, después de tener la experiencia de reconocer nuestra realidad interna, nos será difícil sostener esa identificación interior a la hora de vivir como un ser humano, tan abstraído en la realidad física, espacio temporal.


    Son realidades tan distintas y sus características son tan antagónicas, que estar en una casi excluye a la otra. Salvo que nos hayamos despojado por completo de la realidad efímera.


    Muchas personas nos acercamos a la meditación porque logramos entrar en calma, en la serenidad de separarnos de la realidad humana para dejarnos sentir.


    Desde ese lugar y en ese estado, nos es sencillo comprender todas las características de nuestra vida, de nuestra idea de yo, de lo que nos ha influido y logramos comprendernos completamente.


    En ese estado, podemos “equilibrar” todas nuestras heridas para volver a la vida humana más ligeros.


    Así, podemos utilizar la meditación como un reparador para poder seguir en la vida aceptando que debemos seguir adelante.


    Podemos pensar que podremos evitar y sanar todos los traumas y problemas que hayamos tenido para poder vivir en armonía y paz con el mundo, como si esto fuera posible.


    Es frecuente que nos digan que para sanar estas heridas hemos de entregarnos a procesos donde lo revivamos para después abrazarlo y dejar que se desvanezca. Sin duda es algo que puede funcionar, de manera que podemos descargar de la influencia que ha tenido en nuestra formación de nuestra idea de yo, para en adelante caminar más ligeros y libres.


    De esa manera, podemos continuar sanado otros males, para finalmente lograr ser libres de su influencia y poder desplegar nuestra verdadera identidad.


    Si miramos hacia atrás, veremos que son tantas cosas que nos han afectado, que han quedado olvidadas en nuestro subconsciente que recorrer ese camino inmerso sería tan largo que podría sernos inalcanzables.


    Podríamos encontrarnos con un sanador que lograse liberarnos de todas nuestras marcas para hacernos regresar en un estado óptimo para la vida.


    ¿Pero qué pasa con el resto del mundo?


    Seguiremos observando que la vida biológica se basa en vivir a costa de otros seres, de que tenemos que luchar por la vida.


    Necesitamos consumir otros seres vivos para sustentar nuestro propio cuerpo. Nuestra vida depende de ello.


    La sanción humana parece realmente imposible, siendo su vocación interior el bien mayor.


    La tendencia innata del ser humano es acercarse a lo perfecto y al bien superior. No hay nada más perturbador que para lograrlo debamos competir, o hacer daño a otros.


    Si todo esto es así, si existe la enfermedad y la muerte, ¿no será porque esto es un logro imposible?


    ¿No será que la vida biológica no tiene un sentido en sí misma?


    Sabemos que es imposible una vida perfecta, tal como la anhelamos.


    No hay un estado perfecto del ser humano que alcanzar. Finalmente desaparecemos como tal ser humano. Termina.


    ¿Nos sentimos completamente integrados en la vida humana? ¿De verdad?


    Un día nos enamoramos, que es como un despertar a una realidad diferente, donde lo que sentimos lo percibimos como algo real, más real que ninguna otra cosa y si esa persona que despertó el amor nos corresponde del mismo modo, viviremos una realidad paralela, tan intensa y real, sobre todas las cosas.


    Ninguna experiencia en nuestra vida es comparable.


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  • Si eres el mar, eres las olas
    Jan 21 2026

    Si eres el mar, eres las olas


    En muchas ocasiones me he preguntado si tiene algún sentido compartir nuestro camino interior con los demás, especialmente cuando sentimos que estamos avanzando y que cada vez nos sentimos más libres de los condicionamientos que tan atrapados nos han tenido en el pasado.


    Es posible que en ocasiones podamos ver que alguna persona pudiera beneficiarse de nuestra claridad mental o de nuestra forma de afrontar ciertos temas.


    Entonces, uno se pregunta, si cada ser humano tiene su propia mente, su propio recorridos, sus motivaciones, ¿es lícito interferir de algún modo en su propio proceso?


    Cada ser humano tiene en sí mismo el camino completo, la responsabilidad completa de todo lo que hace, el resultado y efecto de sus actos, su propio aprendizaje y su propia libertad para vivirlo en primera persona.


    Por otra parte, cuando nos ceñimos a nuestro propio camino interior, interiorizando y conectando con nuestro ser real interior, solemos experimentar la sensación de ser lo mismo que los demás, como si fuéramos extensiones del otro o formar parte de un continuo.


    Sin embargo, cuando estamos inmersos en nuestra identidad humana, nos percibimos separados, diferentes y en muchos casos en competencia con los demás, quedándonos la sensación de necesitar ocultarnos y protegernos de los demás.


    Queda en nuestro interior la sensación de no encajar y de resignación a no encontrar un referente fuera.


    Ocurre en algunas ocasiones que, sin esperarlo, se producen encuentros desde nuestro interior, quizás por encontrarnos con alguna persona que también es consciente de ser desde dentro y por el motivo que sea nos percibimos de ese modo.


    Entonces, se siente una complicidad y una comunicación que nos toma por sorpresa y nos produce una sensación de vitalidad y alegría.


    En esas ocasiones conseguimos percibir la comunicación a dos niveles, el exterior y el interior y la característica de ese estar, es alegría, afinidad, amor incondicional, fluidez y ligereza.


    Si ese estado compartido se pudiera extender a los seres humanos en un instante cambiaría el curso de la historia.


    Verse y reconocerse mutuamente en nuestra realidad interior es lo más escaso y deseado durante nuestra experiencia como seres humanos.


    Si logramos mantenernos de manera autosuficiente en ese estado interior y lo llevamos a lo humano, podríamos estar listos para reconocer y activar esa forma de entrar en contacto con los demás, de manera que seríamos como despertadores del reconocimiento de la realidad interior en los demás.


    Esta sería una gran labor y una motivación para estar en lo humano y servir al ser interior que hay en todos.


    Nuestra aportación quedará aquí y podrá extenderse más allá de lo que podamos vivir personalmente.


    Quizás sea nuestra vocación de servir nuevamente lo que nos anime a seguir encarnando, de vida en vida.


    Sin duda hay una vocación interior que se va despertando, de alcanzar el estado más sublime y la realización más completa, hasta legar a ser el Ser.


    Tardaremos el tiempo que tardemos, de un intento a otro, hasta que nuestra entrega sea incondicional y no deje nada fuera.


    Existe el estado perfecto, el momento perfecto, en el que se llega a la entrega plena, momento en que permitimos todo en nuestro interior.


    Todos los grandes artistas aspiran a esa expresión perfecta de su ser interior.


    Nuestro interior aspira a tener en si mismo la totalidad, porque no se puede llegar al Ser sin totalidad.


    En la naturaleza humana esa aspiración se manifiesta en el querer poseerlo todo, en acaparar y utilizar cualquier medio para tener más que nadie, sin lograrlo, ni saciaros de ningún modo.


    Cuando en lo humano queremos tenerlo todo generamos su contrario, no tendremos nada, generando una ansiedad que nos impulsará a querer más.


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  • La aventura de la vida humana
    Jan 20 2026

    La aventura de la vida humana


    Es muy útil reflexionar sobre cómo se genera nuestra comprensión humana, nuestra identidad, nuestra percepción de lo real, de manera que comprendamos y diferenciemos, lo que es verdaderamente uno mismo y lo que es accesorio y efímero.


    Realmente, nos resulta muy complejo realizar esta separación porque toda nuestra estructura mental se ha construido a partir de nuestra percepción mediante nuestros sentidos físico y hemos generado un todo racional sobre la realidad palpable.


    Es bueno imaginarnos ese estado en el que aparecemos en la vida como sumergidos en un vacío, después de un proceso de amnesia, en el que solo percibimos sensaciones que provienen de nuestro cuerpo, que parece despertarnos de un sueño, lentamente.


    No podemos evitar ese darnos cuenta de la realidad física que empezamos a percibir.


    Podemos imaginar ese despertar gradual a la realidad corporal, imaginando las primeras respiraciones, los primeros sonidos, nuestros primeros movimientos torpes. Sin tener ninguna consciencia de ser algo.


    Abrimos nuestros ojos y vemos innumerables imágenes en movimiento, que junto con los sonidos se asocian a objetos en movimiento.


    Reaccionamos instintivamente con movimientos y acabamos por descubrir nuestras manos, el movimiento.


    Todo se va integrando hasta ir reconociendo una realidad exterior y física donde existe la separación y el movimiento.


    Finalmente descubrimos la interacción con seres humanos de manera que empezamos a integrarnos en lo que es la relación entre cuerpos.


    Logramos dominar nuestros movimientos, aprendemos a acercarnos a objetos, reconocemos lo que es coger algo y experimentarlo. Experimentamos satisfacción al conseguir utilizar nuestro cuerpo según los estímulos externos.


    Poco a poco, vamos despertando a esa realidad basada en el cuerpo.


    Aprendemos y memorizamos, los gestos, las palabras y formamos la mente pensante y reflexiva, que extrae conceptos de esa realidad que existe cuando llegamos.


    Todos adquirimos ese mismo conocimiento de ser un ser humano según el momento y el lugar en el que comience nuestra vida.


    Pronto aprendemos a aceptar que somos una realidad diferente a los demás, obligándonos a identificarnos de algún modo, ya que inevitablemente hemos de aceptar la imperfección y la separación que caracteriza la vida humana.


    Nos vemos obligados a tener que ser un ser separado, que ha de sentirse separado y que ha de manifestarse como separado.


    Queramos o no, se nos obliga a ser algo, que generalmente tiene que ver con el hueco que rellenamos en la familia y que se nos asigna.


    Somos hijo de tal y tal.


    Uno puede sentirse comunicado con otro ser humano y sentirle como una misma realidad, pero pronto se desdibuja y cada uno ocupa su lugar.


    Esa formación del ser humano se va especializando más y más, según su propio camino y espacio en el mundo, de manera que nos diferenciamos cada vez más de los demás.


    Por ese motivo, la comunicación directa es cada vez más compleja o lejana.


    En un inicio bastaba querer sentir al otro para sentirnos fundidos, como cuando éramos niños de corta edad jugando en el grupo como si estuviésemos unidos en una misma realidad.


    Con los años, la distancia entre lo que somos interiormente y lo que manifestamos a los demás, cada vez es mayor.


    Hasta el punto de que muchas veces se renuncia a poderse entender y rechazamos el intento de alcanzar verdadera comunicación.


    Con los años, cedemos nuestra sensación de realidad interior a recabarla en nuestra idea de yo, esa identidad que nos sirve para relacionarnos con los demás y somos aceptados.


    Aceptamos que nunca conseguiremos llegar al otro de manera directa desde nuestro interior. Lo asumimos como utópico o quizás una rareza que hemos de ocultar.


    Ser por dentro una cosa y otra por fuera, puede llegar a enfermarnos sino logramos ser lo que somos.


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    18 Min.
  • Hambre del Ser
    Jan 20 2026

    Hambre del Ser


    No es cuestión de un día, ni de un año, a veces nos llevará mucho tiempo el lograr vivir desde nuestra realidad interior.


    Tendremos que dedicar mucho tiempo a meditar en nuestro interior, reconociéndolo y aceptando que es la única realidad a la que nos podemos sujetar, ya que todo lo que conocemos pasa y no puede ser tomado como un elemento permanente, como sí anhela encontrar nuestro interior.


    Esta labor querremos realizarla, una vez que ya hemos reconocido la enorme diferencia que hay en nuestro estado interior con respecto al ser humano que hemos aprendido a ser.


    Nuestro ser real adopta una identidad en base a nuestra permanencia en el cuerpo, ya que parece haber olvidado lo que es en sí mismo, teniendo en cuanta de que el cuerpo es efímero.


    Parece que estamos en un lugar donde todas las ventanas se cierran en nuestro interior y a cambio de eso se abren otras que tienen que ver con una realidad física separada.


    Al iniciar nuestra vida se cierra el “ojo interno” y se abre por un tiempo el “ojo externo”.


    A través de ese ojo físico observamos y contemplamos una realidad física y humana con la que nos hemos vinculado y a través de dichas percepciones construimos una idea de realidad, al principio global, para pasar a reconocer la separación, la Individualidad, la identidad propia, la realidad biológica de nuestro cuerpo y sus necesidades.


    La oposición entre nuestro sentir interior, caracterizado en su forma real, con respecto a lo que aprendemos a través de los sentidos físicos es tan drástica, que nos vemos obligados a asumir que nuestra realidad es la corporal y las características de la vida biológica las normales y posibles.


    De esta manera, nuestro ser interior real se ve alienado y se auto recluye en los espacios internos como si se tratara de un recluso en una mazmorra.


    Se nos dice: “el maestro está en tu interior” y por otro lado estamos completamente sumergidos en ese querer ser lo que nuestro interior siente que es y a su vez, no sabemos hacerlo de otro modo que en base a nuestra identidad adquirida a través de una realidad exterior que hemos tenido que asumir como real.


    ¿Cómo se puede saciar esa necesidad de ser que nace de nuestro interior, que se percibe ilimitada y perfecta, mientras que creemos ser una realidad física y externa, cargada de limitaciones?


    ¿Cómo se puede lograr en esta realidad física y mental la sensación de ser verdad?


    Puede que estos toda la vida queriendo equiparar nuestra idea de yo al ser real que añoramos ser sin darnos cuesta de que esta labor es imposible.


    El querer otorgar la verdad del ser real que añoramos a una idea de yo artificial y condicional que solo vive en el pensamiento no puede aportarnos más que fugaces sensaciones de conocimiento y control, que pronto pasan como todos los pensamientos.


    Mejor es renunciar a esa idea de yo, dejar de querer sostenerlo y de darle contenido de manera que nos sirva de sucedáneo del verdadero ser.


    Es importante y decisivo el momento en que dejamos de insistir en querer atrapar a la verdad en nuestra mente, de querer entender algo, de convertirlo en pensamientos y conocimiento.


    El ser real está antes de cualquier concreción, idea o pensamiento.


    Todo ello puede manifestarse porque existe previamente un ser real que nos lo permite.


    Por lo tanto, más que querer sostenernos y aprender lo suficiente para adquirir la sensación de seguridad deberíamos observar la naturaleza real de nuestro interior, que no puede ser experimentado por nuestro pensamiento, o nuestra proyección.


    Cuando aprendemos a hacer silencio, no generar pensamientos y nos dejamos percibir, es cuando tenemos una idea de la infinita separación que hay entre el ser real interior y lo que podemos manifestar como seres humanos.


    Cuando estamos escuchando nuestro interior de forma sostenida, nuestra mente está parada y no esta sosteniendo una idea de ser un ser humano, ni con la intención de ...


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  • ¿Por qué soy raro?
    Jan 19 2026

    ¿Por qué soy raro?


    A todos nos gustaría utilizar nuestra vida humana de la forma más precisa sabiendo el motivo por el cual vivimos.


    Cuando llevamos un tiempo investigando en nuestro interior habremos alcanzado la sensación de estar apoyados desde dentro y habremos recibido la sensación de pertenecer a una realidad más real y permanente, de manera que veremos con más claridad la discrepancia entre la realidad efímera de la vida humana y nuestra sensación interior alcanzada.


    Reconocemos que existe una sensación de incapacidad de aceptar las formas y condiciones humanas y esto no es un síntoma de enfermedad o rareza de uno mismo. Se trata simplemente, de que nos estamos despertando según nuestra realidad interior, que se trata de algo bien real, que simplemente se ha asociado a una experiencia efímera.


    Es importante identificar la naturaleza de ese desencuentro. No nos ocurre nada extraño por no lograr encajar en las características de la vida biológica, donde se compite por sobrevivir y unos seres sobreviven eliminando la vida a otros.


    Muchas personas viven ocultando esa sensación por temor a ser señaladas como enfermas, o de poco fiar y lo que hacen es negarse a reconocer que son una realidad interior, con lo que se defenderán de todo aquel que les trasmita esa realidad.


    Sin embargo, la persona que ha aceptado no saber nada, que desconoce su identidad real, que le daña la vida humana, la individualidad y la separación, puede que nos parezca que entra en profunda depresión, pero en realidad está abrazando la verdad.


    Existe igual que cualquier otra persona, sea el contenido de nuestra mente el que sea.


    La idea de no aceptar ser nada de lo que finalmente muere, realmente se está abriendo a percibir lo real, lo que no muere.


    Esa persona ya no lucha con la vida para saber quien es, ni juzga la vida como cruel, ni intentará comprenderse, ni reconocerse, en base a lo que observa en el mundo material.


    Se basará en la percepción interior de que existe, sin que pueda influir en ese hecho nuestro pensamiento, ni ninguna cuestión de la realidad material.


    El soltarlo todo, lo que nos diera seguridad relativa, nos facilita la experiencia de ser sostenidos por la verdad y por ello, la posibilidad de reconocerla.


    En ese desnudarse, puede asombrarnos que todo lo que hemos aprendido en la vida humana, todas las filosofías o tradiciones liberadoras, no nos añaden nada, ni las necesitamos en absoluto, cuando simplemente contemplamos la energía que nos esta permitiendo existir en cada instante, o en el instante de cero tiempo.


    Vemos que cualquier otra cosa que contemplemos es un pensamiento en nuestra mente y que carece de sentido poner en ello ninguna intensidad de nuestra atención.


    Lejos quedará ya el sentirnos ser en base a lo que pensamos.


    No hay experiencia más maravillosa que aceptar que nada de lo que observamos en la realidad efímera somos y que a su vez, soltando toda identificación nos sentimos envueltos en la realidad del ser que nos ama incondicionalmente.


    Lo último que haríamos es interrumpir este flujo de amor que nos envuelve a cambio de querer retener algún concepto o reconocimiento en nuestra mente pensamiento.


    Nada puede identificarnos fuera de este dejarnos ser.

    Cuando el toque interior nos abraza no queremos otra cosa que dejarnos amar.

    Todo el pasado desaparece y un amor sanador nos traslada al no tiempo.


    Es la razón de ser la que nos sostiene permanentemente en la búsqueda de dejarse ser, el estado original en que somos Uno con todo.

    Cuanto más nos entregamos, cuanto más nos liberemos de la comprensión espacio temporal de ser, cuando no haya nada en nuestras memorias que atraigan nuestra atención, cuando todo ello no nos sirva para identificar lo real, es cuando podemos dejarnos estar.

    Simplemente estar.

    “Yo estoy aquí, esperando lo que debe ser. Estoy aquí en la realidad del hacer”.

    “Quiero volver al lugar en el que simplemente soy”.

    “Acepto estar aquí como una expresión de la realidad que soy”.


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    12 Min.
  • Nuestro interior nos está amando
    Jan 19 2026

    Nuestro interior nos está amando


    Uno de las dificultades mayores que nos encontramos es identificar nuestra realidad interior en sí misma, prescindiendo de la idea instalada en nuestra mente de ser una realidad que se basa en el cuerpo.


    Hemos dedicado toda nuestra vida, después del gran olvido de ser una realidad, en construir una idea de uno mismo basada en nuestra identificación e interrelación con nuestro cuerpo.


    Nuestra idea de realidad y las posibilidades que se nos ofrecen se han constituido en base a las limitaciones de nuestro cuerpo, a la separación y la idea de individualidad.


    La percepción a través de los sentidos físicos que nuestro cuerpo facilita a nuestro ser real nos hizo asimilarnos a esa realidad física y corporal, abrirnos a un espacio donde todo estaba separado y era necesario el movimiento para alcanzarnos unos a otros.


    Nuestro ser psicológico construido se ha asociado a muchos hábitos, percepciones y necesidades que tienen que ver con todo ello.


    Nos sentimos, felices, tristes, confundidos, todo en base a esos estímulos y condicionamientos exteriores.


    Estamos llenos de la necesidad de manifestarnos y de realizar actos para alcanzar lo que deseamos y vemos tan distante.


    Todas las necesidades que surgen de nuestro ser real interior nos impulsan a actuar del modo en que hemos aprendido que podemos satisfacerlas en la realidad humana.


    De hecho, el creer que tenemos esas necesidades se basa en la imposibilidad de disponer de ellas mediante a la realidad física que hemos asumido.


    El propio límite físico, separado en espacio y tiempo, y asemejarnos a su naturaleza efímera, es lo que hace que nuestro interior se sienta carente de todo ello e ignorar que realmente se trata de un estado interior, más que de alcanzarlo mediante algo externo.


    Del resultado de ese intento de alcanzar lo real y experimentar que no satisface a nuestro ser real, vamos de una experiencia a otra, hasta que al final renunciamos o logramos comprender la causa.


    Es muy posible que caminemos en un sin fin de experiencias alimentando la fantasía de alcanzarlo en cada una de ella. Cuanto más empeño pongamos en que algo es perfecto, lo mejor, más dura será la decepción y más necesitaremos encontrar algo que sustituya a la anterior.


    Seguiremos apostando por encontrar lo que anhela nuestro interior en lo que podamos obtener en nuestro ser humano en base a su relación con los demás.


    Partimos en nuestra vida con una ignorancia completa de ser algo y lo vamos llenando mediante esa asemejación en la que intentamos reconocernos reales.


    Hacemos todo lo posible por ser algo adecuado, valioso, que sea identificado y valorado por los demás, intentando potenciar la identidad que parece estar reconocida y significada por los demás.


    Nuestra sensación de ser, inevitable, necesita ser considerada real y lo conseguimos en base al reconocimiento de los demás.


    Es posible que seamos muy conscientes de que no somos la identidad humana que mostramos y que nos sea muy sencillo asumir el personaje sin dificultades, sabiendo que realmente no lo somos y llevar como una doble vida.


    Finalmente terminaremos por desistir y soltaremos el intento de sostener una idea de yo, sabiendo que no lo somos y que realmente resulta un sobresfuerzo en depositar crédito en que esa sea nuestra realidad y nuestro límite.


    Resulta una liberación enorme eliminar la intención de tener que ser algo. Ni siquiera hemos de aceptarnos como un ser humano, ya que esta es una realidad efímera.


    Lo sorprendente es que si no nos asemejamos a ninguna realidad física y simplemente nos dejamos sentir como una consciencia real que flota en medio de una realidad física compleja, tendremos una experiencia vital liberadora.


    Dejaremos de estar en la necesidad de saber qué somos y no necesitaremos validación alguna, pues el ser, solo puede ser lo que ya es.


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  • Cuando se nos acaba el tiempo, ya hemos llegado
    Jan 19 2026

    Cuando se nos acaba el tiempo, ya hemos llegado


    Una de las labores que tendremos que realizar para poder vivir desde nuestra realidad interior es familiarizarnos a reconocer el espacio o distancia que hay entre ese ser interior, nuestro cuerpo y las relaciones que nos permite tener en la vida humana. Todo ello, sosteniendo de forma permanente la sensación de ser una realidad ajena a nuestra idea de yo.


    “Cuando se nos acaba el tiempo, ya hemos llegado”.


    Quizás este kōan sea sencillo de comprender si estamos avanzados en el reconocimiento de ese ser interior, que se percibe más allá del espacio y del tiempo.


    Si no es nuestro caso, tendremos asimilado que cuando anhelamos un estado diferente al que observamos en lo humano, o deseamos conseguir algo de lo que carecemos, necesitaremos realizar actos y movimientos, que se expresan en el espacio y el tiempo.


    Cuando esperamos lograr ese objetivo partimos de la concepción de no tenerlo y de la necesidad de transformar nuestra realidad para alcanzarlo. Pensamos que dependemos de ese movimiento para creer poder obtenerlo.


    Se trata de una necesidad existencial, el acto, para poder ser.


    Sea el estado alcanzado que sea, no podemos evitar creernos en la necesidad de tener que sostenerlo, de hacerlo como algo personal, de tenerlo que generar.


    La necesidad de hacer, se inicia en el momento en que nos conectamos a una realidad separada que asumimos y consideramos que somos. La dificultad de sentir nuestra realidad en la vida humana refleja el hecho de ser de otra naturaleza.


    Si logramos darnos cuenta de que ese ser real interior “no es de este mundo” y que ya es, sin hacer, encontraremos la calma y la paz anheladas.


    Si estuviésemos conscientes de nuestra realidad interior, no necesitaríamos realizar ninguna acción, ya que veríamos la realidad física, nuestro cuerpo conectado, como algo que no somos.


    No tendríamos ninguna duda de ser una realidad de otra dimensión ajena a la física.


    Lo que nos impulsa a buscar, una vez nos hemos identificado como seres humanos, es precisamente el recuerdo olvidado de ese ser que somos.


    Si miramos en el interior, lo que nos impulsa a hacer algo en el exterior, es la sensación de carencia, de echar de menos algo.


    Todas las necesidades biológicas nos vienen impuestas por el propio cuerpo asociado a nuestro ser real.


    Las necesidades afectivas, seguramente vengan de nuestra sensación de ser interior que anhelan el modo en que los seres se fusionan y comparten, representando un ideal superior a alcanzar mediante el amor humano, especialmente mediante los estados de enamoramiento.


    Obligatoriamente hemos de satisfacer las necesidades biológicas y a su vez, tenderemos a buscar el amor perfecto que anhelamos, dedicando toda nuestra vida a ese sueño utópico de la unidad.


    Si consiguiéramos restablecer la consciencia de nuestro ser de forma completa nos desapegaríamos de todas esas necesidades, ya que estaríamos en el estado real del ser.


    No necesitaríamos hacer nada, ya que estaríamos en la plenitud de ser uno con todo. Nada quedaría fuera de uno mismo como para tener que hacer algo fuera.


    Se entiende de ese modo que deba realizarse como un completo olvido de nuestra propia realidad interior, ya que de no realizarse, sería imposible pensar en que nuestra vida humana pudiera transitarse como tal.


    Si recordar la verdad de lo que somos, ¿quién seguiría atrapado en la limitación humana?


    Se entiende de ese modo, que el leve recuerdo que nos quede del estado del ser anterior a nuestra vida humana, nos impulse a buscar lo perfecto, lo mejor, el más grande amor.


    En lo humano intentamos encontrar todo lo que anhelamos y extrañamos, porque sin duda lo conocemos, y es la causa de la motivación que manifestamos a lo largo de la vida.


    Llenamos la vida de objetos, metas y logros que decaen hasta nuestra partida, para calmar la carencia profunda que tenemos de falta de ser.


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  • Descubrir nuestro ser real
    Jan 17 2026

    Descubrir nuestro ser real


    No cabe duda de que el camino interior, el encontrar nuestra identidad real, la respuesta a la pregunta arquetípica de ¿quién soy?, únicamente puede alcanzarse cuando desplazaos nuestra atención desde la realidad efímera a la realidad permanente.


    Efímero es el objetivo en el que nos fijamos y en lo que nos reconocemos. Permanente es el ser real que existe y dirige su atención con la intención de verse, cuando verse a uno mismo es imposible.


    No es posible verse a sí mismo, pero si es posible sentirse en el que lo intenta.


    En una realidad en la que todo lo percibimos a través de los sentidos, que nos permiten percibir lo que no somos, pretendemos reconocernos a nosotros mismos a través de los reflejos y los espejos.


    Si comprendemos que todo lo que podemos observar de la realidad exterior no somos, entonces, podemos prescindir de ello si lo que queremos es conocernos a nosotros mismos.


    Ese desprendimiento en nuestra indagación ha de abarcarlo “todo”. Social y culturalmente hemos construido una idea de lo que somos y todo ello tiene que ver precisamente con la generación de una idea a través de los externo.


    Por ese motivo, hemos de dejar a un lado por completo todo lo que hemos adquirido de la realidad externa, para poder detectar la realidad interna.


    Vemos entonces, que todo lo que hemos adquirido se sujeta en el almacén de la memoria y en la actividad mental en forma de pensamientos, todo ello sobre la base de nuestra atención y nuestro existir.


    Por ello, soltar todo implica no pensar nada, dejar la memoria en estado de reposo, para entregarnos a percibir a ese ser que somos, desde donde se impulsan todas las actividades, mayoritariamente externas.


    Podemos también observar que todo es un continuo espacio temporal, donde quedan ordenadas todas nuestras experiencias como seres humanos con la característica de percibir como que el tiempo se para, como si nuestra realidad interior pudiera conectar los recuerdos como si los estuviese experimentando en ese presente continuo del ser.


    Ese soltarlo todo nos lleva con toda certeza a estar en lo que somos como ser que existe incondicionalmente.


    Es como reconocer y hacernos conscientes de que estamos sentados en una butaca mientras los acontecimientos siguen su curso.


    Desde ese lugar, podemos preguntarnos si queremos formar parte de esa corriente humana que nos envuelve o si queremos estar en la realidad del ser que somos.


    Si nuestro reencuentro con lo que somos es suficientemente profundo seguramente no querremos volver a pensar que somos el cúmulo de pensamientos y condicionamientos vividos.


    Quizás seamos conscientes de que somos un ser interior que ha realizado una incursión en la dimensión física de la Tierra, como un ser humano, lo que nos permite experimentar la vida humana y relacionarnos con otros seres que también realizaron esa incursión.


    Sabremos que pronto no estaremos unidos a o humano, que tendremos que desapegarnos de todo y por ello intentaremos reconocer el motivo de haber realizado la incursión humana y de qué manera podremos aprovechar tan increíble oportunidad de experimentar y/o servir.


    Somos muy conscientes de que esta experiencia humana termina, nadie duda de ello.


    La traslación de la idea de identidad humana hacia la identidad interior real, es un proceso que causa a veces vértigo y desde lo humano se interpreta como raro, indeseable o peligroso.


    Sin embargo, no hay seguridad mayor, que el estado que se alcanza cuando reconocemos nuestra realidad interior.


    Si tenemos crisis de identidad en nuestra vida humana, si nuestra necesidad de conocer la verdad es superior a nuestro grado de adaptación a la realidad efímera, es muy posible que entremos en profundas crisis y sigamos empeñándonos en que el mundo se adapte a nuestras necesidades. Árenos responsable a los demás de nuestros problemas y no querremos aceptar que los demás también estamos atrapados en las limitaciones de la identificación con lo humano.



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