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Descubrir nuestro ser real

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Über diesen Titel

Descubrir nuestro ser real


No cabe duda de que el camino interior, el encontrar nuestra identidad real, la respuesta a la pregunta arquetípica de ¿quién soy?, únicamente puede alcanzarse cuando desplazaos nuestra atención desde la realidad efímera a la realidad permanente.


Efímero es el objetivo en el que nos fijamos y en lo que nos reconocemos. Permanente es el ser real que existe y dirige su atención con la intención de verse, cuando verse a uno mismo es imposible.


No es posible verse a sí mismo, pero si es posible sentirse en el que lo intenta.


En una realidad en la que todo lo percibimos a través de los sentidos, que nos permiten percibir lo que no somos, pretendemos reconocernos a nosotros mismos a través de los reflejos y los espejos.


Si comprendemos que todo lo que podemos observar de la realidad exterior no somos, entonces, podemos prescindir de ello si lo que queremos es conocernos a nosotros mismos.


Ese desprendimiento en nuestra indagación ha de abarcarlo “todo”. Social y culturalmente hemos construido una idea de lo que somos y todo ello tiene que ver precisamente con la generación de una idea a través de los externo.


Por ese motivo, hemos de dejar a un lado por completo todo lo que hemos adquirido de la realidad externa, para poder detectar la realidad interna.


Vemos entonces, que todo lo que hemos adquirido se sujeta en el almacén de la memoria y en la actividad mental en forma de pensamientos, todo ello sobre la base de nuestra atención y nuestro existir.


Por ello, soltar todo implica no pensar nada, dejar la memoria en estado de reposo, para entregarnos a percibir a ese ser que somos, desde donde se impulsan todas las actividades, mayoritariamente externas.


Podemos también observar que todo es un continuo espacio temporal, donde quedan ordenadas todas nuestras experiencias como seres humanos con la característica de percibir como que el tiempo se para, como si nuestra realidad interior pudiera conectar los recuerdos como si los estuviese experimentando en ese presente continuo del ser.


Ese soltarlo todo nos lleva con toda certeza a estar en lo que somos como ser que existe incondicionalmente.


Es como reconocer y hacernos conscientes de que estamos sentados en una butaca mientras los acontecimientos siguen su curso.


Desde ese lugar, podemos preguntarnos si queremos formar parte de esa corriente humana que nos envuelve o si queremos estar en la realidad del ser que somos.


Si nuestro reencuentro con lo que somos es suficientemente profundo seguramente no querremos volver a pensar que somos el cúmulo de pensamientos y condicionamientos vividos.


Quizás seamos conscientes de que somos un ser interior que ha realizado una incursión en la dimensión física de la Tierra, como un ser humano, lo que nos permite experimentar la vida humana y relacionarnos con otros seres que también realizaron esa incursión.


Sabremos que pronto no estaremos unidos a o humano, que tendremos que desapegarnos de todo y por ello intentaremos reconocer el motivo de haber realizado la incursión humana y de qué manera podremos aprovechar tan increíble oportunidad de experimentar y/o servir.


Somos muy conscientes de que esta experiencia humana termina, nadie duda de ello.


La traslación de la idea de identidad humana hacia la identidad interior real, es un proceso que causa a veces vértigo y desde lo humano se interpreta como raro, indeseable o peligroso.


Sin embargo, no hay seguridad mayor, que el estado que se alcanza cuando reconocemos nuestra realidad interior.


Si tenemos crisis de identidad en nuestra vida humana, si nuestra necesidad de conocer la verdad es superior a nuestro grado de adaptación a la realidad efímera, es muy posible que entremos en profundas crisis y sigamos empeñándonos en que el mundo se adapte a nuestras necesidades. Árenos responsable a los demás de nuestros problemas y no querremos aceptar que los demás también estamos atrapados en las limitaciones de la identificación con lo humano.



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