Este sonido que escuchas, esta sucesión de crujidos secos en la distancia, replicado por el eco de un valle en Kandahar, es el de las ráfagas de los Kalashnikovs de los insurgentes talibanes que asediaban la ciudad en 2021. Si construyéramos la banda sonora de la historia del siglo XX, el sonido de las ráfagas de esta icónica arma sería uno de los imprescindibles. Se pudo escuchar en las guerras de Vietnam, de Laos, del Congo, Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Rodesia, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Panamá Irán, Somalia, Yugoslavia, Afganistán, Siria, Ucrania… Los distintos modelos del fusil automático Kalashnikov han sido algo parecido a un tiralíneas que ha ido marcando y borrando las fronteras de distintos países o la pluma con la que han firmado su independencia… con sangre. La inconfundible silueta del arma con su cargador de balas curvo aparece en la bandera de Mozambique y también en su constitución, como uno de los símbolos del estado. Y en escudos como el de Burkina Faso o de Zimbabue. De la misma forma en la que países que ganaron su libertad o su independencia incluyen en sus enseñas espadas, cañones, torres defensivas o barcos de guerra, el Kalashnikov es un símbolo moderno para la identidad de esas naciones. Y también lo tenemos asociado a mafiosos, sicarios, cárteles y grupos paramilitares y organizaciones terroristas en Colombia, en México, en el este de Europa, en Oriente Medio… Y también lo hemos visto en camisetas, tatuajes, y hasta en miniaturas de oro en anillos o colgando de cadenas. Del AK47, el primer modelo de Kalashnikov y de su llamativo origen de lo que quiero hablarte en esta entrega de Homo Faber. Soy Óscar Gómez, y en este pódcast te cuento las historias de objetos industriales cotidianos que han hecho historia. // HOMO FABER. Una producción de Qwerty Podcast. Edición 2 / Kalashnikov AK47. El crujido de la guerra. Octubre de 1941. El sargento del ejército rojo Mijail Kalashnikov dirige un carro de combate T34 cuando es herido de metralla en el brazo en la batalla de Briansk. Durante su convalecencia de varias semanas en el hospital, escucha recurrentemente a los soldados soviéticos quejarse de los problemas que tenían con sus fusiles de asalto. Decidió entonces aprovechar los conocimientos que había adquirido como mecánico de tanques y su ingenio, que le había llevado a concebir mejoras como un sistema para medir distancias, para empezar a diseñar un arma fiable, que ayudara a sus compañeros en el combate y que terminara por sustituir a las antiguas carabinas. La película "Kaláshnikov" (también conocida como AK-47, estrenada en 2020) es una producción rusa dirigida por Konstantin Buslov. La propia hija del inventor, Elena Kalashnikova, participó activamente en la producción del filme para asegurar la fidelidad histórica de los hechos que narran la creación del arma. Kalashnikov creo su fusil semiautomático con una premisa. No quería un arma ni más precisa ni más potente, sino un arma más fiable. Todavía hoy, el Avtomat Kalashnikov 47 es conocido por funcionar a la perfección en condiciones extremas: lleno de barro, con frío, con calor, con polvo, con humedad… y por no encasquillarse prácticamente nunca. Un rifle de asalto simple, fiable, duradero, fácil de fabricar y fácil de mantener, que puede ser montado por un soldado en menos de un minuto. Pero, ¿a qué se debían todas estas características que lo han convertido en el arma más popular del siglo XX? Su creador consiguió crear un fusil con pocas piezas, robustas y que no dependían de ajustes muy precisos, sino que tienen cierta holgura. De ahí que al manipular una de estas armas suene un ligero sonido de desajuste metálico, seco entre sus elementos. En total, un AK47 tiene unas 110 piezas, dependiendo del modelo. Y entre ellas, dos muy reconocibles en la silueta del fusil. En primer lugar el cargador curvo, que obedece a una cuestión geométrica. Al utilizar el cartucho de calibre 7,62 de 39 milímetros, que se estrecha en su vaina desde la base hasta la punta, al apilar las 30 balas de un modelo convencional se produce un arco natural. Por tanto, el cargador se diseñó para adaptarse a la forma de la munición. El otro elemento icónico es el tubo que tiene por encima del cañón, y que toma los gases producidos por la detonación para incorporarlos al mecanismo. Es decir, cuando un AK dispara, una pequeña parte de los gases no sale por la boca del cañón. Se desvía hacia ese tubo, y en su interior empuja un pistón metálico que pone en movimiento todo el mecanismo: expulsa la vaina vacía, monta el siguiente cartucho y deja el arma lista para volver a disparar. Así suena en modo disparo a disparo… escuchamos cómo se monta el cargador, se desactiva el seguro, se monta el arma con el cerrojo, y comienza a disparar. Y ahora, en modo ráfaga. No todos los Kalashnikov que vemos en el cine o en los medios de ...
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