Afleveringen

  • Las escritoras y el derecho a permanecer
    18 Oct 2026

    ¿Cuántas voces caben en el silencio de una biblioteca? ¿Cuántos nombres nos faltan para entender de dónde venimos? ¿Por qué es importante no ignorar el día de las escritoras cada año?

    En este episodio de Con acento canario les invito a detenerse ante una pregunta que sigue latiendo entre las páginas: ¿qué hace falta para que la voz de una escritora permanezca?

    «Las escritoras y el derecho a permanecer» nace de una inquietud que me acompaña como lectora y como autora canaria: pensar en las historias que recibimos, en las ausencias que apenas advertimos y en aquello que podemos cambiar con un gesto cotidiano.

    Hay puertas que parecen abiertas hasta que intentamos cruzarlas. Hay libros que llegan a nuestras manos por una recomendación capaz de cambiarlo todo. Y hay conversaciones que merecen continuar mucho después de apagar los auriculares.

    Les espero en este encuentro con la literatura, la memoria y las preguntas incómodas. También habrá un pequeño rincón para esa ternura que se hereda y encuentra maneras inesperadas de quedarse.

    Escuchen el episodio y, si les remueve, compártanlo. Quizá alguien esté esperando estas palabras para buscar un libro, recordar un nombre o animarse a escribir.

    Soy Ana Nayra Gorrín Navarro. Síganme en Instagram para seguir compartiendo lecturas, novedades literarias y nuestra manera de mirar el mundo.

    Instagram: https://www.instagram.com/ana_nayra_gorrin_navarro/


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    8 min.
  • Oasis: un espejismo de irrealidad, machismo y clichés.
    28 Jun 2026

    En este capítulo doy mi opinión sobre la serie Oasis, de Netflix.

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    7 min.
  • Junio y una isla ante el espejo
    13 Jun 2026

    En el nuevo episodio de Con acento canario comparto el audio de mi columna de junio en Canarias Literaria: Junio y una isla ante el espejo.

    Este mes parto de un acontecimiento que puso a Tenerife bajo la mirada del mundo: la visita del Papa León XIV. Pero la pregunta que me hago va mucho más allá del protocolo, las flores y las cámaras.

    ¿Qué ocurre cuando una isla se arregla para ser vista, pero sigue arrastrando heridas que demasiadas veces se esconden debajo de la alfombra?

    Hablo de Canarias como frontera sur de Europa, de migración, de dignidad humana, de fe popular, de turismo, de vivienda, de carreteras colapsadas, de sanidad agotada y de esa contradicción tan nuestra: vivir en un paraíso que, para muchas personas, cada vez resulta más difícil habitar.

    También traigo tres recomendaciones literarias para mirar la migración y las periferias con más hondura, y cierro, como siempre, con una tarta. Esta vez, fresca, luminosa y muy de junio: una tarta fría de melón y sandía.

    Si te apetece escuchar una columna con acento canario, mirada crítica y un final dulce —porque una también tiene derecho a indignarse con postre—, ya puedes encontrarla en Con acento canario.

    www.ananayragorrin.com

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    9 min.
  • Identidad canaria.
    11 May 2026

    Canarias no es una postal ni un decorado turístico: es memoria, mezcla, resistencia y futuro.

    En esta columna hablo de identidad canaria, de autogobierno y de la dignidad de un pueblo que no pide privilegios, sino respeto.

    Porque ser canaria es mirar el mundo desde la orilla, sí, pero con raíz, conciencia y voz propia.

    Este 30 de mayo, pensemos qué Canarias queremos construir.

    Escúchala, compártela y ayúdame a que esta reflexión llegue más lejos.

    www.ananayragorrin.com

    www.ananayra.blogspot.com

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    10 min.
  • Lo más revolucionario es quedarse...
    13 Apr 2026

    En esta columna cuestiono una idea que nos hemos tragado sin pensar: que para avanzar hay que irse. Defiendo que el problema no es moverse, sino perder la raíz, y pongo el ejemplo de quienes saben salir… pero también volver. Señalo cómo en Canarias hemos normalizado la fuga, incluso la del talento, como si aquí no se pudiera construir nada. Y no es verdad: hoy quedarse también es una forma de revolucionar el futuro. Si quieres entender por qué, te lo cuento entero en este nuevo episodio. Por favor, deja tu comentario y comparte en tus redes sociales. ¡Gracias!


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    8 min.
  • Pactos
    9 Mar 2026

    Carlos Angrisano parece no haber entendido cómo funciona realmente el sistema político en España ni en la mayor parte de Europa. Aquí no gobierna quien quiere, sino quien consigue sumar. Y para sumar, casi siempre hay que pactar.

    España utiliza el sistema D’Hondt, un método de reparto proporcional de escaños que, aunque favorece ligeramente a los partidos más votados, no suele otorgar mayorías absolutas. El resultado es que los parlamentos quedan fragmentados y obligan a negociar. No es una excepción española: ocurre en casi toda Europa. Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica o Suecia llevan décadas funcionando mediante coaliciones o acuerdos parlamentarios entre partidos que, muchas veces, ni siquiera comparten toda la misma visión ideológica.

    La política real no es un monasterio ideológico donde todo el mundo permanece puro e inmaculado. Es una mesa de negociación permanente. Los partidos pactan con quien necesitan pactar para gobernar o para aprobar leyes. Y esto no lo hace solo un lado del espectro político: lo hacen todos.

    En España hemos visto acuerdos de todo tipo. El Partido Popular ha pactado con nacionalistas vascos como el Partido Nacionalista Vasco en numerosas ocasiones para sacar adelante presupuestos. El Partido Socialista Obrero Español ha pactado con fuerzas independentistas como Esquerra Republicana de Catalunya o con formaciones abertzales como EH Bildu. Y en comunidades autónomas y ayuntamientos hemos visto acuerdos cruzados entre partidos que, en campaña electoral, parecían irreconciliables.

    Pensar que un partido nunca pactará con otro es no entender cómo funciona el poder. Si mañana las matemáticas parlamentarias hicieran necesario un acuerdo inesperado, la historia demuestra que la política siempre encuentra la forma de justificarlo. Porque al final el objetivo de cualquier partido es gobernar o influir en el gobierno.

    Por eso cambiar de partido pensando que uno representa una pureza ideológica absoluta y que jamás pactará con nadie es, como mínimo, ingenuo. En el momento en que las cifras lo exijan, cualquier formación —incluido Vox— hará lo que hacen todos los partidos en democracia parlamentaria: negociar.

    La política no funciona con promesas de campaña, funciona con aritmética parlamentaria. Y en esa aritmética, los pactos no son una traición: son la base misma del sistema.

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    3 min.
  • Alegría de Manuel Vilas
    9 Mar 2026

    Finalista del Premio Planeta de 2019, Alegría —con sus 360 páginas y 110 capítulos breves— es, ante todo, un viaje introspectivo por la memoria y la conciencia del propio Manuel Vilas. No se trata de una novela al uso, con una trama clara y progresiva, sino de una suerte de mosaico autobiográfico donde el autor examina su vida, sus afectos y sus pérdidas desde una madurez que roza ya la melancolía.

    En sus páginas está presente de forma constante la añoranza: la del padre ya fallecido, la del pasado que no volverá y la de los hijos que crecen y se alejan. En ese territorio emocional se despliega la gran pregunta del libro: qué es realmente la alegría. Vilas no la confunde con la felicidad —ese estado idealizado y permanente—, sino que la entiende como los fogonazos luminosos que la felicidad produce en ciertos instantes de la vida. En ese sentido, su reflexión entronca con la tradición filosófica que ha tratado de definir la alegría como una expansión momentánea del ser, un instante de plenitud que ilumina fugazmente la conciencia antes de volver a apagarse.

    Uno de los ejes emocionales del libro es su hijo Valdi, un joven de veinte años que todavía habita esa frontera psicológica de la adolescencia que, según muchos psicólogos, se extiende hasta los veinticinco. Como tantos hijos a esa edad, se muestra distante, algo frío, incluso esquivo con su padre. Y es precisamente esa distancia lo que alimenta una de las nostalgias más hondas del narrador: la cercanía perdida de la infancia, cuando el amor filial era espontáneo y visible.

    El narrador se mantiene todo el tiempo en un registro autobiográfico muy directo, con una escritura que da la impresión de haber sido producida mediante una suerte de escritura automática, orgánica y casi confesional. Un buen ejemplo es el episodio del viaje a Orleans con su hijo: más que un simple recuerdo, Vilas lo escribe para dejar constancia de él, para que su hijo tenga algún día el legado literario de ese momento compartido.

    La estructura del libro permite leerlo en un día libre o en un fin de semana, aunque no se trata de una lectura especialmente ligera. Su densidad reflexiva lo vuelve por momentos espeso, pero cualquier lector acostumbrado a la literatura exigente puede abordarlo sin dificultad en dos sentadas.

    Hay una reflexión que atraviesa todo el texto y que probablemente reconocerá cualquier padre: los hijos viven instalados en el presente, mientras que los padres saben que ese presente se escapa constantemente entre los dedos. Por eso el narrador lucha, casi de forma desesperada, por transmitir a su hijo la conciencia del tiempo que pasa.

    En los primeros capítulos surge además un elemento simbólico intrigante: Arnold. El lector se pregunta qué representa exactamente esa figura: ¿la ansiedad?, ¿la depresión?, ¿una forma de miedo interior? Vilas mantiene ese enigma hasta que en el capítulo 32 lo aclara, desvelando el sentido psicológico de esa presencia.

    Uno de los aspectos más brillantes del libro es el uso virtuoso de la metáfora. En un momento memorable escribe algo parecido a esto: «Teresa se drogaba de joven, aunque sus padres nunca lo supieron. Todos nos drogábamos de jóvenes. Creo que lo que le pasó a Teresa es que llegó a los cincuenta sin saber qué ropa ponerse». La frase encierra mucho más que una anécdota: la metáfora sugiere la desorientación existencial de quien alcanza la madurez sin haber construido una identidad sólida, alguien que, al perder las referencias de la juventud, no sabe ya cómo habitar su propia vida.

    El libro está sembrado de frases que cualquiera puede reconocer como propias. Por ejemplo: «Larga es la noche del hijo que busca constantemente la aprobación de su padre». O esta otra: «Jamás logro disfrutar de estar vivo porque siempre pienso que cinco minutos después estaré muerto». O «Obviar la muerte es un talento y un don, pero también un engaño que te desacredita» (...)







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  • Yo siempre seré yo, a pesar de ti. Reseña sin spoiler.
    9 Mar 2026

    Acabo de terminar Yo siempre seré yo, a pesar de ti, de Teresa López Cerdán, y me ha quedado esa sensación tan particular que dejan los libros que, más que leerse, se reconocen. Historias que, sin ser la tuya exactamente, te obligan a mirarte en ellas porque hay muchas coincidencias con tu propia biografía.

    Tuve la oportunidad de conocer a Teresa en persona durante la primera Feria del Libro celebrada en mi municipio, Santiago del Teide, en septiembre de 2025. Recuerdo aquella conversación tranquila entre mesas llenas de libros, café, dulces deliciosos y lectores curiosos. Me pareció una mujer serena, cercana y con una mirada muy lúcida sobre lo que cuenta. Después de leer su obra, comprendí que esa misma mezcla de sensibilidad y honestidad atraviesa todas sus páginas. Y, lo confieso, me sentí identificada con ella en casi todo.

    Ella me dio un consejo que aún retumba en mis adentros: << Si quieres vivir de tu arte, ¡debes salir de los límites de tu pueblo y de tu isla! Si no acudes a donde están las grandes oportunidades, la gran ciudad (Madrid, por ejemplo), es muy poco probable que puedas hacer resonar tus pasos como artista. Tengo claro que si yo no hubiera salido de mi pueblo no hubiera podido disfrutar las mieles que ahora disfruto gracias al reconocimiento de mi trabajo>>.

    Volviendo al libro, este es un recorrido emocional por las relaciones, los aprendizajes y las heridas que muchas mujeres hemos vivido o visto de cerca. Teresa escribe desde una sinceridad muy valiente, sin edulcorar las cosas y sin esconder las contradicciones que forman parte de crecer. Porque a veces entender lo que nos pasó llega muchos años después, cuando la perspectiva del tiempo pone cada pieza en su sitio.

    Uno de los aspectos que más me llamó la atención es cómo la autora pone en valor algo que rara vez aparece en el centro de las historias sentimentales: la amistad verdadera entre un hombre y una mujer. En la historia aparece esa figura tan necesaria del amigo leal, alguien que no está ahí para seducir ni para poseer, sino para sostener. Ese mejor amigo que te ofrece una mirada masculina honesta sobre lo que ocurre, que escucha sin juzgar y sobre cuyo pecho puedes llorar sin que exista la expectativa de acabar teniendo sexo. Y una acaba pensando: teniendo un amigo así, ¿para qué quiere Karma una pareja?

    El libro también aborda con mucha claridad un tema que todavía cuesta nombrar: las relaciones profundamente desiguales cuando existe una gran diferencia de edad y experiencia vital. Teresa reflexiona sobre algo que muchas mujeres hemos comprendido demasiado tarde. Cuando una chica muy joven se relaciona con un hombre bastante mayor, que ya ha vivido, viajado y construido su visión del mundo, el terreno no es equitativo. No se parte del mismo lugar. No se juega con las mismas cartas. Y yo de esto sé bastante, pues mi primera pareja fue mayor que yo doce años. Yo era una adolescente inmadura y él un hombre de mundo ya curtido.

    Hay un pasaje especialmente revelador donde la autora recuerda una relación que comenzó cuando ella tenía dieciséis años y él (Damián) era mayor que ella (no voy a hacer spoiler de lo que sucedió, quiero que lo lean y sientan).

    Con los ojos de la juventud quizá aquello parecía otra cosa, pero la madurez permite verlo con claridad: esa diferencia a esa edad implica una desigualdad evidente. Ella misma reconoce que era una adolescente inmadura frente a un hombre ya hecho y derecho, con experiencia, con mundo. Y admite algo que muchas veces cuesta decir en voz alta: que sus padres tenían razón. Que no era justo para ella. Yo he tenido que llegar a los 46 años para admitir que mis padres también tenían razón, no son relaciones justas ni equilibradas.

    El libro también deja entrever otra carencia generacional que explica muchas historias mal entendidas: la falta de educación sexual y emocional con la que crecimos muchas niñas de pueblo de mi generación (...)




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