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Mi perra vida

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Von: Mi perra vida
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Über diesen Titel

Fastidiado de las restricciones en las redes sociales, y sin postureo ni opiniones al vapor, aquí les dejo Mi Perra Vida Sozialwissenschaften
  • Mi perra vida | Temporada 2026, episodio 1.
    Jan 1 2026
    Relato – En otra vida (3a y última parte) | Poema – Huracán – Jorge Luis González | Reseña – Mis lecturas del 2025 | Frase robada – Laura Esquivel | Bonus track En otra vida (3a y última parte) leer el capítulo previo Estaban exhaustos, el calor del verano apenas les dio oportunidad de ponerse una sábana que les cubría la cintura. Dormidos sobre su costado él la abrazaba, a pesar de la diferencia de estatura y conformación de sus cuerpos; los años en él ya cobraban algunas facturas, y en ella la juventud engalanaba a sus genes; se encontraban muy cómodos, como si de esa forma durmieran cada noche. La recámara de Mónica daba cuenta de lo sucedido, sólo estaba la ropa interior de ambos, señal de que el resto se había ido perdiendo en el camino. Los cojines y las almohadas fueron los primeros en perecer, les estorbaban demasiado, en su afán de conocer cada esquina del colchón fueron cayendo estrepitosamente. El resultado, la cama con ellos dos abrazados y una catástrofe por todo el suelo. La luz a través de la ventana delataba dos cosas, la mañana ya estaba bastante avanzada, y el cansancio de una noche que se alargó hasta dónde les dieron las fuerzas y el deseo, los dejaron en medio de la habitación sin que absolutamente nada los sacará de su sueño. En algún momento de la madrugada Néstor se despertó a medias, tan solo para confirmar que ella seguía ahí, a su lado; y que el olor de su cuerpo con el de ella era inolvidable, le sorprendió la familiaridad y nostalgia de ese aroma. Mónica se dio la vuelta y él aprovechó el momento. -¿Quieres que te tape o busque tu pijama? -No, siento la piel hirviendo -le respondió apenas. -¿Te vas a dormir desnuda? -le preguntó Néstor al oído, y ella sólo asintió con la cabeza- bajo tu propio riesgo. Néstor observó el panorama, era idílico. Tomó una punta de la sábana y los cubrió parcialmente. -!Despiértate, por favor levántate Néstor! -Lo despertó Mónica, agitada y con voz angustiada. Néstor despertó sobresaltado y al verla sentada en un extremo de la cama, vestida con su camisa a modo de camisón, no entendía lo que estaba pasando. -Tuve una pesadilla horrible, estábamos tu y yo, y un bebe, un hijo supongo. Él la veía muy angustiada y en silencio asentía a lo que le contaba. -Yo también soñé algo parecido -Mónica lo miró sorprendida-, era un varón, un niño de brazos ¿cierto? Mónica no lo creía, al recordar el sueño los ojos se le humedecieron y lo confirmo con un sordo monosílabo. -Vivíamos en un cuarto, no podría decir que era una casa, cuatro paredes de tabique en bruto, una mesa de plástico con sillas, un trastero, la estufa, mi bicicleta con periódicos amarrados al portabultos, la cama y una cuna. Te gritaba que despertaras, por más que te sacudía apenas balbuceabas, hedías profundamente a vino. Vociferaba que el niño estaba muerto, lo veía azul con la piel marmórea y leche regurgitada en su boca. Insistía en que despertaras y lo lleváramos al doctor. Pero apenas me respondías que ya le habías dado su biberón. Lo destapaba y era leche mezclada con alcohol. Después me acercaba al estante al lado de la estufa y tomaba un cuchillo, estaba dispuesto a matarte y mientras caminaba hacia la cama me despertaste. Las lágrimas le escurrían por las mejillas a Mónica, mojando la camisa de Néstor. -Yo soñé algo parecido, el cuarto y el niño eran como los describes. Mis ropas, las del niño estaban viejas, sucias, roídas, eramos pobrísimos. El bebe no paraba de llorar, me veo en el sueño vaciándole al biberón una botella de licor, y cuando se queda dormido, yo le doy termino a la botella y me recuesto en la cama. Tus gritos en el sueño me despertaron. -Mónica ¿eres alcohólica? -le preguntó deseando no saber la respuesta. Mónica asintió bajando la cabeza entre sollozos. -Esto no nos puede volver a pasar -le dijo Mónica mirándolo a los ojos que se les llenaron de lágrimas. Ambos se levantaron de la cama, y recogieron sus ropas a lo largo del departamento, en silencio. -Creo que no nos volveremos a ver -le dijo Néstor mirando los pies desnudos de Mónica, con las puntas de los dedos levantadas. Tal como lo recordaba siempre. Ella le tomó la cabeza entre sus manos, le besó las lágrimas y le dijo al oído. -Siempre te voy a amar, también en otra vida. Néstor salió del edificio, se dirigió a la sala de conciertos para recoger su bicicleta y volver a casa. Huracán – Jorge Luis González Difícil saber quién desató la cuerda dispersa ya, entre los cuernos desgastados de ese toro de viento. Difícil saber si la mudez es sinónimo de muerte, o el germinar de un nuevo idioma, lengua devuelta al agua como un pescado que revive, de pronto, en la mesa. Difícil, porque esa misma cuerda la desató un día mi mano: echó a andar el trompo con la misma cadencia de la catástrofe. El gesto infantil de lanzar hacia la tierra una moneda, una roca, ...
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    18 Min.
  • Mi perra vida temporada 2025, episodio 52.
    Dec 26 2025
    Relato – En otra vida (2a parte) | Poema – Saudades – Clarice Lispector | El ancho mundo – Pierre Lemaitre | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track En otra vida (2a parte) Aún les faltaba para llegar a la casa de uno de los músicos, donde se había acordado que sería la fiesta de cierre de temporada que, además inauguraba las vacaciones en la universidad. Néstor y Mónica aprovecharon el frío para ir un poco más cerca de lo usual, tan sólo lo suficiente que permite la confianza de dos viejos conocidos. Ninguno de los dos dio explicaciones sobre su comportamiento, era obvio que ambos habían establecido un recíproco y furtivo interés. En lugar de eso, con naturalidad inexplicable se pasaron todo el trayecto conversando y escuchando sin incomodas pausas, quienes los veían pasar pensarían que se estaban actualizando sobre las últimas noticias de su vida. Tras decenas de minutos ambos entregaron al otro una hoja de ruta, estableciendo sucesos, detalles que quien escuchaba, devoraba por entero. Mónica se detuvo de improviso. -¡Ya nos pasamos! -le dijo mientras le jaló el brazo a Néstor. Su mano decidida pero dócil lo sonrojó, él deseaba más que nada seguir sabiéndolo todo de ella. Mónica lo miró fijamente dos segundos. -Tengo que ir a la fiesta -le dijo mirando los labios de Néstor- pero te la vas a pasar bien, lo prometo. A nadie llamó la atención que Mónica entrara con alguien ostensiblemente mayor que ella, agarrado de la mano. Néstor estaba sorprendido de ver a los músicos comportándose tan normalmente, alejados de su papel impostado por la partitura. En algún momento Mónica se ofreció a ir por una ronda más de copas de vino. Néstor la observaba desenvolviéndose en la fiesta, la casa era grande, había gente platicando ruidosamente en todos lados. Al no volver, comenzó a caminar y ver a los invitados, después de haberlos estado observando desde su asiento toda la temporada, de algún modo esas personas le parecían familiares. Se había formado prejuicios sobre su comportamiento, basado en el instrumento que ejecutaban en las presentaciones. Al final todos eran bastante ordinarios, sólo le contrastaba un poco que la mayoría con vestido de noche o frac, se comportaban como cualquiera en las reuniones a las que en contadas ocasiones acudía Néstor con sus amigos. Tras deambular un rato que le pareció más prolongado de lo usual, comenzó a buscarla entre las conversaciones, pero se había esfumado. Néstor ya comenzaba a barajar su opciones, entre las que se encontraba abandonar la fiesta y regresar por su bicicleta para volver a casa. Decidió ir a buscar algo que beber antes de partir, y cuando el mesero le entregó su copa de vino, Mónica se le acercó por la espalda, a un milímetro de tocar sus cuerpos, pero a la suficiente distancia para que él percibiera su calor. -Te tengo una sorpresa -le dijo sutilmente al oído. Se fue detrás de ella, atravesaron un par de salones y en el fondo, Néstor sospechó cuál era la sorpresa y se puso nervioso. En una esquina estaban cuatro chelistas y un par de violinistas; volteó a ver a Mónica que lo presentó a todas, y tras continuar la conversación, lo miró con picardía y preguntó si alguien deseaba algo de beber, una de ellas aprovecho para pedirle que rellenaran su copa mientras Néstor veía cómo se alejaba. Se quedó sorprendido, en el camino a la fiesta le había confesado su fascinación por las chelistas, pero después de un rato, volvió a preguntarse ¿dónde estaría Mónica? Satisfecha su parafilia musical, se despidió y fue a buscarla. Ella lo observaba a lo lejos deambular, hasta que él sintió su mirada y se acercó hacia la esquina donde estaba sentada. Mónica le extendió la mano sugiriéndole que la ayudara a levantarse. -Pensé que me dejarías abandonada -le dijo mientras se levantaba del sillón, sin soltarle la mano, Mónica lo adelantó y cruzaron la casa sin despedirse de nadie. -Deja tu copa -le dijo Mónica cuando pasaron una mesa llena de botella vacías- en mi casa también hay de beber. Saudades – Clarice Lispector Siento saudades de todo lo que marcó mi vida.Cuando veo retratos, cuando percibo olores,cuando escucho una voz, cuando me acuerdo del pasado,yo siento saudades… Siento saudades de amigos que nunca volví a ver,de personas con las que ya no hablé ni me topé… Siento saudades de mi niñez,de mi primer amor, del segundo, del tercero,del penúltimo y de aquellos que aun voy a tener, si Dios quiere… Siento saudades del presente,que no aproveché en lo absoluto,recordando el pasadoy apostando por el futuro… Siento saudades del futuro,que, si idealizado,probablemente no será comopienso que va a ser… Siento saudades de quien me dejó ¡y de quien yo dejé!De quien dijo que vendríay ni se apareció;de quien apareció corriendo,sin conocerme bien,de quien nunca voy a tenerla oportunidad de conocer. ¡Siento saudades de los que se fueron y de quien no...
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    19 Min.
  • Mi perra vida temporada 2025, episodio 51.
    Dec 18 2025
    Relato – En otra vida (1a parte) | Poema – En tanta libertad – Óscar Oliva | Reseña – El hombre invisible – H.G. Wells | Frase robada – Juan Villoro | Bonus track En otra vida Primera parte Nestor pedaleaba equilibrando la velocidad y su transpiración, se le había hecho tarde, el último grupo se enfrascó en una discusión sobre política que, nunca llevan a nada. Encadenó la bicicleta donde siempre, confirmó que no olía a sudor y trató de arreglarse el cabello, hoy era el último concierto y la universidad saldría de vacaciones. La primera vez que la vio fue cuando acudió al primer concierto de la temporada, consiguió uno de los boletos que la universidad regala a sus docentes, los más alejados de la orquesta. Nestor aceptó la reglas absurdas de la burocracia para la petición y entrega de las entradas de cortesía, no estaba en condiciones de darse el lujo de pagar ese entretenimiento, pero cuando vio en los carteles afuera de los salones que el coro y la orquesta de su universidad habían programado “Un réquiem alemán” de Johannes Brahms se entusiasmo muchísimo, así que, con el boleto más económico escucharía el concierto. Ese primer concierto fue por fin una pequeña tregua que le daba la vida, los últimos años su situación económica era precaria, vivía con lo elemental o menos, incluso se tuvo que tragar la vergüenza de ser el único profesor de la universidad que se movía con un medio tan innoble como la bicicleta, pero su adicción a visitar con demasiada regularidad el hipódromo lo había llevado a endeudarse a niveles rotundamente peligrosos. La última vez que lo buscaron sus acreedores lo pusieron en una situación tan grave que, casi se queda a dormir en la calle, a no ser por algún colega que le permitió dormir en su sofá, hasta que vendió casi todo, pagos sus deudas y consiguió un cuarto de azotea, desde entonces juró que jamas le volvería a pasar. Llegó temprano -a la postre Nestor llegó a pensar que si hubiera llegado a tiempo jamás se hubiera visto envuelto en esta situación-, apenas ubicó su asiento, miró a su alrededor, la sala estaba casi vacía y algunas personas se afanaban en terminar de acomodar atriles, precisar la posición de los micrófonos, dejando todo a punto. Voluntarios o becarios eran quienes hacían todos los preparativos sobre el escenario. Por un momento Nestor que había subido una de las integrantes, una chelista o violinista aventuró. La mujer joven, pero mayor que el resto de lo voluntarios y becarios, daba órdenes con demasiad facilidad, no podía ser parte de la orquesta pensó Nestor, la vio dar los últimos retoques al escenario y tras un par de minutos no la volvió a ver en todo el concierto, él deseaba que hubiese sido chelista para verla las dos horas del concierto, era su sueño. Se afanó en conseguir boletos para todos los conciertos, deseaba verla otra vez o más si fuera posible. Se había jurado no volver a enamorarse de la forma patológica que lo había llevado a la ruina emocional, desde que la observó, le pareció la mujer mas hermosa, lo perturbador era que la percibía excesivamente familiar, en sus deambulares insomnes pensaba de dónde la podía conocer, pero no lograba recordarlo. Al final sucumbió, esta decidido a buscarla y éste último concierto era su oportunidad, pero cuando en la eterna fila para entrar a la sala escuchó la segunda llamada, las esperanzas de verla se desvanecieron. Nestor ignoró prácticamente todo el concierto, volteaba de un lado a otro del escenario, ya había identificado dónde se escondía ella para ver a los violinistas, le afligía que fuera la pareja de alguno, pero durante toda la presentación no la veía por ningún lado, cabía la posibilidad de que justo hoy que se había armado de un valor irracional, justo en este último concierto, ella no estuviera. Terminó la presentación y la oleada de aplausos no se dejó esperar, los cuales se alargaron anormalmente para agradecer no sólo a los músicos y el director, sino a todos lo que hicieron posible la temporada, pero entre todos ellos, no aparecía. Esperó a que los empleados comenzaran a desmantelar el escenario, al no tener señales de ella fue a la puerta de servicio. Todos salían contentos, excitados de haber terminado con tantas semanas de trabajo, primero los músicos con el director, y después todo el personal de apoyo. Nestor escuchaba entre risas ponerse de acuerdo sobra la fiesta que tendrían para festejar el cierre; pero de ella nada, ni cómo preguntar, no sabía su nombre, y lo acusarían de pervertido si sólo se las describía, la había observado tanto que estaba seguro, podía hacer un retrato hablado idéntico. Al cerrar la puerta de servicio se convenció de su fracaso, tratando de justificar su destino, fue por su bicicleta, se hincó para retirarle el candado y guardarlo en su mochila, cuando casi se muerte del susto. -Penśe que la dejarías abandonada -le dijo ...
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    24 Min.
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