Las serendipias en los interregnos. La Veranda de Rafa Rius 16/02/26 Titelbild

Las serendipias en los interregnos. La Veranda de Rafa Rius 16/02/26

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Über diesen Titel

“El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci. La Veranda de Rafa Rius O lo que es lo mismo: Las casualidades que habitan en esos espacios y tiempos aparentemente vacíos en los que vive el azar como una deidad imprevisible que acoge en su seno nuestros mantras más recurrentes, para ignorarlos de continuo. Esos interregnos en los que podemos vislumbrar la magia presente en nuestras vidas, no son programables, nos pillan siempre por sorpresa. Desde mi perspectiva, vivimos un interregno, un momento de stand by -los Extremoduro lo traducían como contexto cultural- un compás de espera en expectación de acontecimientos, y, si es así, cualquier serendipia es posible. Si aceptamos la estúpida teoría de que estamos en el final de la Historia -falso, la Historia humana sólo se acabará cuando no quedemos ninguno para contarla y para eso, aún queda, seguramente poco, pero queda- aún si la tesis de Fukuyama, contra toda evidencia, fuese cierta, lo que no podemos en ningún caso hacer es esperar el Apocalipsis de brazos cruzados. El sistema capitalista no es omnipotente ni eterno; el único con estas cualidades es Dios y Dios no existe. Todos los Imperios han tenido sus momentos de expansión, esplendor, decadencia y desaparición; el capitalismo no va a incumplir la regla. Aún queda mucho partido por jugar. Además, la idea de Fukuyama, tiene trampa; cuando habla del fin de las ideologías, se refiere a todas menos a la suya, al ultraliberalismo capitalista de esos vampiros que se llaman a sí mismos de forma impúdica libertarios, pervirtiendo y degradando el sentido de una de las más hermosas palabras: libertad. Ignorando a sabiendas, que cualquier libertad acaba donde empieza la del vecino y que hacer individualmente lo que me venga en gana, ignorando los deseos y necesidades de las personas con las que convivo, es lo contrario de la libertad; la libertad de una anarquía que, como nos explicaba Eliseo Reclus, es la máxima expresión del orden, pero no de un orden impuesto desde fuera, sino de un orden adiestrado y disciplinado por cada uno de nosotros por pura coherencia social y respeto a los demás. Desde un punto de vista social, incluso cuando parece que todo está perdido, Cuando la autoproclamada izquierda es incapaz estructurar una alternativa sólida ante la incertidumbre. Cuando parece que la desigualdad de fuerzas es demasiado grande, que la melancolía nos invade y nos paraliza en un momento en el que los esbirros fascistas del dios Mercado parecen estar ganando terreno en todo el mundo, nunca hay que descartar la aparición de la serendipia. Y la serendipia no es cuestión de buena suerte, es sencillamente azar. Ese azar que gobierna el mundo de forma imprevisible y caprichosa, regido por unas leyes ocultas en las que el hecho de que las ignoremos, no presupone su inexistencia. Un azar al que hay que ayudar con nuestro trabajo en la base de lo social para que cuando el momento de serendipia llegue, nos pille preparados. Por pura coherencia personal, ya digo.
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