La Casa del Alfarero no es un lugar de exhibición, es un lugar de proceso. Jeremías fue enviado a observar, no a opinar, porque allí Dios revela una verdad eterna: cuando el vaso se daña en las manos del alfarero, no se tira… se vuelve a hacer.
Este mensaje nos recuerda que Dios no desecha lo que Él mismo formó. Las grietas, los errores, las caídas y las imperfecciones no cancelan el propósito; solo activan una nueva etapa del proceso. En la Casa del Alfarero, lo que parece fracaso se convierte en materia prima para una obra más gloriosa.
Dios no trabaja con prisa, trabaja con intención. A veces nos lleva al torno, otras al fuego, pero nunca fuera de Sus manos. El barro no decide la forma, pero sí decide rendirse. Y mientras el mundo descarta lo imperfecto, Dios rediseña lo quebrado.
Este episodio es para quienes se sienten dañados, repetidos, malformados o fuera de lugar. Para los que piensan que ya no sirven, que ya no hay segunda oportunidad. En la Casa del Alfarero hay una verdad que restaura la esperanza: nadie es desechado cuando permanece en las manos correctas.
🎧 Un mensaje para entender que el proceso no es castigo, es misericordia; y que el fuego no es destrucción, es preparación.