Christian Pulisic: el estadounidense que conquistó Europa (Parte 3) Titelbild

Christian Pulisic: el estadounidense que conquistó Europa (Parte 3)

Christian Pulisic: el estadounidense que conquistó Europa (Parte 3)

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━━━ Transcripción ━━━
Buenas noches, les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana. Y se los cuento, sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Seguir, esto es Flash Biográfico. El reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Christian Tullicic. Seguir. Hay momentos en el deporte que son como bisagras. Esta semana, Christian Tullicic marcó 2 goles decisivos para el AC Milan en la serie A, y de repente toda la conversación futbolística estadounidense giró hacia un solo punto, el mundial del 2026, en casa, con él como capitán. Los goles fueron hermosos. Sí. El primero, una diagonal perfecta desde la derecha que dejó al arquero del Empoly, clavado en su línea. El segundo, un remate de primera, que salió de esa intuición que solo tienen los grandes. Pero lo que importa no son los goles, lo que importa es el timing. Porque mientras Pulicik brillaba en San Siro, en las oficinas de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, ya están haciendo cuentas. Faltan 18 meses para que empiece el mundial, y necesitan una cara, no solo un jugador. Una cara que pueda venderle el fútbol a un país que todavía, en pleno 2024, insiste en llamarlo soccer. Christian Matteed Pudicik, masió el 18 de septiembre de 1098 en Hersey, Pensilvania, y a 8 98. Sí, la ciudad del chocolate, Kariswett, Berat y 0. Nadie es paseado, nadie está enfrentado por la Su abuelo paterno, Mathe Pulicik, era croata de la isla de Oliv, para ser exactos. Llegó a Estados Unidos en los años 60, como tantos otros, buscando algo que no sabía nombrar. Matté Pulicic. Matté Pulicic, 98. El padre de Cristián, Mark, Cobo Football in Door Professional, Lomsettel en los 80. La madre de Christian Mark, Cobo Football in Door Professional, en los 80. La madre, Kelly, también jugadora universitaria. Hay una fotografía que circula por ahí, Christian con 3 años, una pelota casi de su tamaño, en el jardín trasero de la casa familiar. Ya entonces, dicen los que lo conocieron, no la soltaban nunca, seria de si había servido un perro. A los 11, la familia tomó la decisión que en Estados Unidos sigue siendo extraño, mudarse a Inglaterra para que Christian pudiera entrenar en las inferiores del Braclitán, un pueblito de Norphantonshey. Imagínense, dejar Pensilvania el trabajo estable, la casa con jardín, para que un niño de 11 años persiga un sueño en un test donde ni siquiera entienden bien el acento. Pero había algo en ese chico. En 2015.16 años, el borossia Dortmund lo fichó. Se convirtió en el estadounidense más joven en jugar en la Bundaliscra, en marcar un bol, en hacer una asistencia. Los récords caían como fichas de dominó, y acá hay que detenerse un momento, porque Dortmund no es cualquier club. Es la catedral del food dood obrero alemán, 80000 personas cantando en el nubo amarillo, y para un chico de Hersheim en Sobeña debe haber sido como aterrizar en otro planeta, pero Policik tenía eso que los alemanes llaman Kaltblutihad, sangre fría, no se achicó. En 2019, el Chesi pagó 73000000 de dólares por él, la transferencia más cara de Humlares por él, la transferencia más cara de un estadounidense en la historia. En Londres ganó la Champions League, pero nunca terminó de encontrar su lugar, demasiados egos en ese vestuario, demasiadas estrellas orbitando el mismo espacio. El año pasado llegó a Milán, y ahí, en esa ciudad que entiende de segundos actos, Pullicix finalmente se convirtió en lo que siempre prometió ser, un jugador determinante. 14 goles la temporada pasada, ya lleva 8 en esta, pero más importante, se convirtió en líder. Hay un detalle que me gusta. En las entrevistas recientes, en las entrevistas recientes, Poissicia no habla como ese chico tímido de Pensilvania que aterrizó en Dortmund hace una década. Ahora hay pausas en su discurso, silencios calculados, lomas alemanes, asiles, compatriotas o de sentido, calitero. Aprendió que en el fútbol, como en la literatura, lo que no se dice importa tanto como lo que se dice. Esta semana, mientras marcaba esos goles en Milán, en Estados Unidos se desató la conversación inevitable. Puede y pudo cargar con el peso de ser la cara del mundial 2026. ¿Vabe venderle el fútbol a un país que todavía prefiere el fútbol americano? El basquetbol, el…

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